Imaginarios de belleza en América Latina

Si bien es cierto que cada país posee características particulares atribuibles a su idiosincrasia, así como, a los procesos organizativos de cada sociedad, la realidad es que la implantación de estereotipos y cánones de belleza, aunado a la insatisfacción estética de las mujeres han sido universalizados e introducidos a través de diversos agentes socializadores en las múltiples y diversas sociedades que conocemos. Este hecho puede evidenciarse en hechos concretos como que las mujeres africanas utilizan extensiones de cabello liso e intentan blanquearse la piel, las estadounidenses quieren lucir curvas como las latinas y las asiáticas cambian sus facciones mediante cirugías para parecer occidentales.

 

En el caso de América Latina -y con mayor énfasis en los países caribeños-, este hecho cobra un carácter preocupante que coquetea con lo patológico pues, en nuestros países la feminidad se construye irrefutablemente a través y a partir del canon de belleza. En la sociedad latinoamericana existe una exacerbación de la belleza, de la cultura miss, que es implantado desde los primeros años y legitimado en las diferentes etapas de la vida mediante la elección de reinas en los colegios, universidades, espacios de trabajo, comunidades y otros espacios en los que las mujeres hacen vida; exponiendo a las niñas y mujeres a la medición y calificación de la belleza, al mismo tiempo que condicionando su aceptación y valoración social a la adecuación o no al canon de belleza.

 

En la región existe una permanente y sistemática sobre-estimulación de la belleza, las mujeres se encuentran constantemente bombardeadas desde la televisión, la publicidad, así como, por la mirada inquisidora de familiares, grupos de pares y la pareja. En el grupo familiar principalmente por parte de las madres la belleza también es transmitida a las hijas como un valor supremo, como un “deber ser” de su condición de mujer, como el medio que garantiza el éxito social y amoroso; así mismo, las mujeres encuentran presión por parte de la pareja para responder al canon de belleza europeizado e imperante, pues los hombres también han sido socializados con los imaginarios de mujeres irreales, con características físicas específicas -y en la mayoría de los casos- inalcanzable. Estos hechos crean las condiciones para que las mujeres no puedan identificarse consigo mismas y por tanto ser incapaces de reconocer su belleza, autenticidad y diversidad, en una sociedad en la que la belleza ha sido moldeada, prefabricada y manufacturada de forma masiva.

 

Esta presión para la homogenización de la belleza tiene graves consecuencias en la vida de las mujeres pues, contribuye a la perdida de la autoestima, la confianza, y crea sensaciones de inseguridad y ansiedad; situación ante la cual algunas mujeres optan por la realización de procedimientos estéticos para adecuarse a ese canon y satisfacer esas expectativas estéticas de la sociedad. Algunas mujeres lo intentan recurriendo a estrategias no quirúrgicas como dietas, entrenamientos, maquillaje y vestimenta, sin embargo, la gran mayoría opta por someterse a procedimientos quirúrgicos invasivos o la aplicación sobre sus cuerpos de sustancias que no son de uso médico y que en muchos casos han puesto en riesgo sus vidas y llevando a muchas otras a la muerte.

 

En este escenario, se convierte en un reto para las mujeres latinoamericanas ejercer resistencia y no sucumbir a la presión de la belleza dado que quienes no se adecuen al imaginario de “lo bello” construido, transmitido y reproducido por los medios se expones a la sanción social, expresada en críticas, cuestionamiento, la burla e incluso el rechazo. Así mismo, con frecuencia las mujeres que no reproducen los estereotipos de belleza tradicionales, socialmente promovidos y exigidos se enfrentan a comentarios en los que se les considera descuidadas, se cuestiona su feminidad, se pone en duda la heterosexualidad, siendo frecuente las exhortaciones a ser más “femenina”, arreglarse más y hacer un esfuerzo por verse “bien”; es decir, a reproducir el canon, considerado como la única forma válida de belleza y de feminidad.

 

Esther Pineda G

Publicado en La Red 21, Montevideo, Enero 2017.