El racismo según detrás de las cámaras (Parte I)

DetrasDLC

La Venezuela postcolonial se ha caracterizado por mantener y difundir un discurso de la armonía en el que se pretende invisibilizar los conflictos, las desigualdades, las relaciones de poder, pero sobre todo, las múltiples y diversas formas de discriminación que aún coexisten en nuestro país; naturalizándolas bajo el argumento de la idiosincrasia.

 

 

Uno de los problemas sociales que con mayor fuerza se ha intentado silenciar es la existencia de racismo. En Venezuela se ha pretendido solapar la discriminación racial principalmente mediante: el discurso de la armonía étnico-racial, la idea de que nuestra sociedad superó y trascendió el pensamiento colonial, así como, por el mestizaje.

 

Esta perspectiva ha sido ampliamente difundida y reproducida durante décadas por los medios de comunicación, información y difusión masiva -fundamentalmente aquellos privados- en los cuales a través de artículos, análisis y entrevistas realizadas a personalidades, artistas y expertos -que la más de las veces nada tienen que ver con la experiencia concreta que dicen analizar o testimoniar-, contribuyen a la invisibilización, naturalización y reproducción del racismo, pero también del endorracismo en nuestro país.

 

Dicha situación pudimos evidenciarla recientemente en uno de los episodios del programa Detrás de las cámaras transmitido por el canal venezolano Televen, en el cual se abordó el tema del racismo.

 

Este programa inicia con la afirmación por parte de su conductor Luis Olavarrieta de que: “Venezuela es un país mestizo y se debe al cruce de las distintas castas que habitaron nuestro país desde la colonización”; esta afirmación sería repetida en varias oportunidades por lo invitados a dicho programa, dando la impresión de que esta composición poblacional venezolana es producto de la migración y vinculación voluntaria de distintos grupos étnicos, al obviar hacer referencia al proceso de invasión europea, el genocidio indígena, así como, del proceso de secuestro y movilización forzada de la población africana a nuestro continente.

 

En el referido programa se celebra y mitifica de forma enfática el mestizaje venezolano, sin embargo, el tratamiento dado a este tema se caracterizó por la banalización e invisibilización del proceso violento mediante el cual se realizó ese mestizaje tan enarbolado en el discurso venezolano; y el cual no fue más que consecuencia de la esclavitud sexual a la que fueron sometidas las mujeres indígenas y africanas, convertidas por los europeos en botín de guerra como mecanismo para la desmoralización, sometimiento y desarticulación de la cultura de la población esclavizada.

 

Aunado a ello, este programa -con una clara intencionalidad política- intenta negar categóricamente el racismo en Venezuela; atribuyendo su existencia en todo caso a la influencia de un discurso político oficial que -según estos- ha utilizado el racismo como un medio para la división, la polarización política y la manipulación de sus seguidores.

 

No obstante, también serían desestimados los esfuerzos de los movimientos sociales –indígenas y afrodescendientes- que hacen vida en torno a esta problemática, al considerar que los grupos que en la actualidad luchan por el reconocimiento de sus derechos, la visibilidad de su herencia e identidad, sólo buscan “dividirnos en grupos étnicos para su favor”, pues “la separación por características raciales en Venezuela no tiene mucha profundidad cultural”.

 

Ver vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=ScLSCSXKVAQ

 

Esther Pineda G 

Publicado en Contrapunto, Caracas, Julio 2015