Racismo político y políticas públicas en América Latina

El racismo ha estado presente en las diferentes etapas del proceso histórico social, sin embargo, es posible afirmar que en la actualidad se encuentra más vigente que nunca a nivel mundial; así ha quedado en evidencia con los explícitos repuntes de episodios racistas, aunado al giro a la derecha de algunos gobiernos y políticas públicas que intentan desarticular los avances alcanzados dirigidos a los grupos étnicos vulnerables, entre los que destaca la población afrodescendientes.

 

Uno de los ámbitos en los cuales se hace manifiesta la discriminación racial es en el ámbito político. En primer término, los sujetos racializados, en el caso específico que nos ocupa, la población afrodescendiente, poseen un acceso limitado o inexistente a los espacios de élite, es decir, espacios de liderazgo, partidos políticos, cargos de elección popular y de toma de decisiones políticas. Este hecho según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su informe La situación de las personas afrodescendientes en las Américas, puede explicarse como una consecuencia de que:

 

  • La posibilidad de postularse y competir por un cargo público está supeditada a la inversión de grandes sumas de dinero.

 

  • Se realizan campañas con panfletos y grafitis que divulgan la negativa de votar por personas afrodescendientes para cargos públicos.

 

  • La población afrodescendiente sólo participa como militante de base y, en general, no existen políticas partidarias específicas.

 

  • No hay personas afrodescendientes en el liderazgo y las directivas de los partidos ni agenda a favor de la población afrodescendiente dentro de los programas de los partidos.

 

En la organización de la sociedad latinoamericana y caribeña el acceso de las personas afrodescendientes al ámbito político se encuentra casi exclusivamente circunscrito a la recepción del discurso, del cual además se encuentran generalmente excluidos al no contar con participación y representación en este ámbito. Así mismo, como bien afirma Teun Van Dijk, este restringido acceso de los grupos racializados y estigmatizados al discurso de élite, permite que dicho discurso sea más o menos tendencioso, etnocéntrico, estereotipado y cargado de prejuicios racistas. Es decir, cuando la situación social de los grupos étnicos vulnerables e históricamente discriminados es incorporada en el discurso político, generalmente esta inclusión se realiza desde una perspectiva asistencialista más no estructural, así como, atribuyendo sus problemas a una falta de motivación, a las deficiencias lingüísticas, a la estructura familiar y a otras propiedades de una “cultura diferente”.

 

Este hecho tiene un impacto negativo en la situación social de las personas afrodescendientes, cuyos intereses y necesidades con frecuencia son obviados y postergados. De acuerdo a la CIDH en la región existen “geografías racializadas”, donde la población afrodescendiente suele ocupar un lugar subordinado en el diseño de políticas públicas. Son casi inexistentes las iniciativas y proyectos específicos dirigidos a esta población; además, de existir, pocos las conocen o han sido favorecidos, lo cual se traduce en la desatención, mantenimiento y perpetuación de las desigualdades sociales.

 

Ante ello, no ha de sorprender que la situación social de los afrodescendientes en toda la región latinoamericana y caribeña se caracteriza como precaria, desfavorable, de vulnerabilidad, desigualdad e inequidad; con notorias limitaciones en el acceso la salud, la educación, la justicia, el acceso al empleo, la vivienda y los servicios básicos; escenario que ha limitado las posibilidades de movilidad social de esta población, la mejora de su calidad de vida, y por tanto, favorece el mantenimiento y reproducción de círculos de pobreza y precarización, situación que se profundiza en el caso de las mujeres.

 

Esther Pineda G.

Publicado en Contrapunto, Caracas, Febrero 2017.