Femitrepadoras

En las diferentes etapas del proceso histórico social, las mujeres han estado sistemática y repetidamente sometidas a las múltiples formas de desigualdad y violencia que les han sido impuestas desde el poder patriarcal. Han sido privadas de su derecho al acceso y ascenso a los ámbitos político, económico, bélico, jurídico, educativo, cultural, entre otros; y esta inequidad se justificó en un discurso religioso, filosófico y científico orientado a dificultar cualquier acción emancipadora, es decir, capaz de socavar y desarticular la dominación masculina.

 

Como bien ha señalado Marianne Hester en su ensayo “La brujo-manía en Inglaterra en los siglos XVI y XVII como control social de las mujeres”, las estructuras y las instituciones sociales e ideológicas de la supremacía masculina se articulan y actúan de manera continua para constreñir a las mujeres; sin embargo, ellas no son pasivas, por el contrario, muchas mujeres resisten o luchan contra su opresión y sus opresores utilizando diversas estrategias.

 

En la actualidad las mujeres alrededor del mundo, de forma individual o colectiva, y desde los distintos ámbitos en los que hacen vida, se han organizado para investigar, protestar y denunciar las inequidades y violencias motivadas en el género. Algunas apuestan por la investigación académica y la generación de materiales de divulgación que intentan llegar a distintos sectores sociales para concientizar sobre la gravedad de este fenómeno, otras eligen realizar actividades de formación y sensibilización que van desde las fábricas, centros educativos y comunidades de los sectores más vulnerables; mientras que otro grupo ha comenzado a apropiarse de los espacios públicos y mediáticos, en los cuales se han encargado de denunciar y desmontar prejuicios e imaginarios sexistas.

 

Los movimientos feministas también han optado por la movilización en los espacios públicos con lo cual han logrado sacar la desigualdad y la violencia del anonimato y la privacidad; han generado presión en las instituciones de competencia, al mismo tiempo que han visibilizado la burocracia y la inoperancia de las instituciones garantes de la protección y otorgamiento de justicia para las mujeres. Así mismo, el feminismo cada vez más hace uso del artivismo, la fotografía, la literatura, la poesía, la música e incluso de las redes sociales para la producción y difusión de contenidos que persigue develar y cuestionar las desigualdades.

 

Sin embargo, ante el impacto que el feminismo ha tenido en los últimos años, también ha sido percibido y asumido por algunas mujeres como un medio para escalar social, económica, política y mediáticamente; es decir, que sin tener realmente conocimiento sobre lo que es el feminismo y sin estar involucradas con sus agendas, algunas mujeres están utilizando el feminismo como un trampolín. Estas mujeres las cuales pueden ser consideradas “femitrepadoras” se caracterizan por no poseer formación académica, técnica o autodidacta en materia de desigualdad por razones de género o movimientos de mujeres, no tienen ninguna preocupación por los intereses, demandas y necesidades colectivas de las mujeres; y  no cuentan en su experiencia profesional, educativa, institucional, artística o activista con ninguna iniciativa dirigida a cuestionar, prevenir o atender las inequidades contra la mujer.

 

Algunas de ellas han logrado incorporarse en espacios políticos e institucionales en nombre del feminismo y los movimientos de mujeres, espacios desde los cuales reproducen prácticas y conductas patriarcales, en los que legitiman las condiciones de opresión de las mujeres, y desde los cuales toman decisiones que las desconocen, invisibilizan o perjudican. Algunas acuden a los movimientos de mujeres en búsqueda de apoyo para acceder a espacios de toma de decisión derivados de la elección popular, pero una vez allí se olvidan de los compromisos asumidos y prometidos; llegando incluso a desmantelar la poca institucionalidad, avances y beneficios logrados en favor de las mujeres.

 

Hay quienes han logrado acceder a los espacios mediáticos en los cuales son entrevistadas, reseñadas y citadas como “expertas”, pero no cuentan con la experiencia, formación profesional o credenciales que les permitan proporcionar información confiable sobre esta problemática, y cuya pretendida “experticia” no proviene de ninguna fuente legítima. En estos espacios estas personas también legitiman formas de dominación, discriminación y desigualdad; algunas desde su desconocimiento reproducen en su discurso la distribución arbitraria de los roles de género, el confinamiento de la mujeres al hogar, hacen referencia al amor romántico y el instinto maternal, naturalizan la violencia por razones de género, e incluso justifican los femicidios y a sus perpetradores.

 

También hay mujeres que se agrupan en movimientos y organizaciones que según describen persiguen los derechos de las mujeres, sin embargo, estos solo se organizan en torno a la búsqueda de financiamiento de proyectos fantasmas para sostener sus estilos de vida y proyectos personales. Estos movimientos y organizaciones se hacen llamar feministas mientras que apoyan sectores, partidos y personajes políticos abiertamente machistas, violentos y homo-lesbo-transfóbicos; ante cuyas prácticas y discursos sexistas y misóginos guardan silencio pues, financian sus iniciativas y pagan sus boletos aéreos y estadías para asistir a congresos y eventos donde su participación consiste en justificar y excusar las inequidades por razones de género y la violación de los derechos de las mujeres.

 

Otros se presentan como movimientos y grupos conformados para la investigación y formación feminista, sin embargo, estos no son más que una fachada, ya quienes conforman estos grupos no cuentan con la formación o experiencia en materia, contribuyendo la más de las veces a confundir a los interesados mediante la reproducción de prejuicios y estereotipos sexistas del sentido común. Tampoco cuentan con algún producto de investigación o formación que les pueda ser atribuido, y en los cuales se hace común el plagio de los contenidos y producción intelectual de mujeres feministas.

 

No se quedan atrás las organizaciones no gubernamentales, organizaciones sin fines de lucro y las sociedades civiles que han pululado en los últimos años. Estas según su “visión y misión” tienen por objetivo promover y garantizar los derechos de las mujeres y su empoderamiento, empero, ante la falta de herramientas y conocimiento en la materia confunde el empoderamiento de las mujeres con cursos de autoestima, autoayuda, maquillaje, emprendimiento y conciliación familiar.

 

Finalmente, también es posible considerar “femitrepadoras” a aquellas mujeres que si bien cuentan con formación, experiencia, activismo y reconocimiento desde el feminismo y los movimientos de mujeres, reproducen un pensamiento y prácticas patriarcales; las cuales se manifiestan mediante el ejercicio de diversas formas de violencia sobre otras mujeres, pero también mediante la defensa, justificación y protección de hombres sexistas, misóginos y maltratadores, denunciados y expuestos públicamente por diversas víctimas. De este modo, si bien el feminismo se ha convertido en los últimos años en la vanguardia del pensamiento y la práctica por los derechos humanos, también es necesario denunciar las agendas subrepticias de algunas pseudo feministas; a fin de evitar la conversión del feminismo en un mercado y de la mujer en su producto de compra, venta e intercambio.

 

Esther Pineda G.

Publicado en La Red 21, Montevideo, Mayo 2018.