Homosexualidad: Criminalización, protección y reconocimiento

ILGA_WorldMap_SPANISH_Overview_2017-001

El 17 de mayo de 1990 la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de la lista de trastornos mentales, fecha en la que se conmemora desde el año 2004 el Día Internacional Contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia. Este día surgió como un recordatorio de que la preferencia sexo-afectiva homosexual, bisexual y las identidades de género alternativas no son una enfermedad; para denunciar las múltiples y repetidas formas de discriminación, exclusión y violencia a la que aún se encuentran expuestos en los diferentes ámbitos de la vida y espacios de sociabilidad, así como, para exigir a los Estados el pleno reconocimiento de sus derechos.

 

En la reciente conmemoración de esta fecha -como es costumbre- una cantidad significativa de personas inundaron las redes sociales con frases e imágenes llamando a la solidaridad, la tolerancia, la aceptación y la “compasión” para con esos “otros” sujetos vilipendiados; si bien, dejando clara su condición de heterosexualidad pues, en nuestras sociedades hiper-hetero-sexualizadas, pocos de estos sujetos “tolerantes” quieren ser asociados a un grupo social (en términos goffmanianos) estigmatizado, envilecido y desprestigiado. No obstante, la realidad es que la situación social de la población Lgbti continúa siendo una de las experiencias más riesgosas y vulnerables, la cual además no mejora con la solidaridad espetada a través de “marcos” y “filtros” prediseñados por las redes sociales.

 

De acurdo al informe Homofobia de Estado. Estudio jurídico mundial sobre la orientación sexual en el derecho: criminalización, protección y reconocimiento, publicado este mes de mayo por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA) aún en el año 2017, alrededor del mundo 72 Estados siguen criminalizando las relaciones sexuales entre hombres, y en 45 de ellos (24 en África, 13 en Asia, 6 en América y 2 en Oceanía) son ilegales y objeto de penalización las relaciones sexuales entre mujeres.

 

De 72 Estados que criminalizan la homosexualidad, en 8 de ellos está “permitida” la pena de muerte o existe evidencia de su existencia, entre estos: Afganistán, Arabia Saudí, Irán, Irak, Mauritana, Pakistán, Yemen y Sudan. 14 Estados condenan la homosexualidad con penas que van de 14 años a cadena perpetua entre los que destacan India, Etiopia, Uganda, Sierra Leona y Guyana, 57 países penalizan la homosexualidad con hasta 14 años de cárcel; y en 3 existen leyes de “propaganda”, entre ellos Rusia que en 2013 implementó la ley contra la propaganda homosexual, que rechaza, invisibiliza, restringe y sanciona categóricamente las expresiones públicas de la comunidad Lgbti.

 

Según el informe, aunque persiste la criminalización en gran parte del mundo, también han aumentado las leyes que salvaguardan el derecho a expresar una orientación sexual diferente y que protegen de la violencia. En la actualidad 43 Estados poseen algún tipo de protección contra los crímenes de odio y 39 contra la incitación al odio. En 10 países la protección a la población homosexual está consagrada en el texto constitucional, entre ellos: Bolivia, Ecuador, Kosovo, Malta, México, Montenegro, Nepal, Portugal, Suecia y Sudáfrica; y tan sólo tres (3) Estados prohíben expresamente las llamadas “terapias de conversión”, específicamente Brasil, Ecuador y Malta.

 

Ahora bien, es importante visibilizar que en los últimos años algunos países han logrado significativos avances en materia de derechos de la población homosexual. Para 2017 son 22 los Estados que a nivel mundial reconocen y celebran matrimonios entre personas del mismo sexo, de ellos 5 se encuentran en América Latina: Argentina, Brasil, Colombia, México y Uruguay. Mientras que 28 países a nivel mundial permiten y ofrecen otros tipos de uniones y formas de protección a parejas del mismo sexo, modalidad presente en Chile y Ecuador.

 

Por su parte en Venezuela -contrario al poema de Víctor Valera Mora- nada avanza o retrocede… Si bien es cierto que no existen leyes que penalizan las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, ser gay o lesbiana continua siendo una condición de vulnerabilidad, ante la cual se encuentran desprotegidos y desatendidos. Hasta la fecha no existe un marco normativo que tipifique los crímenes de odio y la incitación al odio, no se cuenta con una ley que prohíba y sancione la discriminación por orientación sexual, no se reconoce el matrimonio u otro tipos de uniones entre personas del mismo sexo y menos aún se permite la adopción de parejas homosexuales. Pese a ello, gays y lesbianas “tantas veces escarnecido[s] y siempre de pie con esa alegría”.

 

Esther Pineda G

Publicado en Contrapunto, Caracas, Mayo 2017