El riesgo de ser mujer

Nos quedamos callados,
ni una protesta
ni una sola palabra
se pronunciaron.
Nada se dijo.
Y todos fuimos cómplices
de los canallas
todos quedamos con las manos
embarradas de lodo.
(Isabel Ruano)

 

Ser mujer en una sociedad patriarcal, sexista, misógina, androcéntrica y falocéntrica es sin lugar a dudas una condición de riesgo. Los hombres han sido socializados desde la permisividad y la promoción de la violencia, para la apropiación de todo aquello que se erige ante sus ojos y desea poseer, para la construcción y subordinación de otredades, y por tanto, socializados también para la victimización de las mujeres.

 

Esta perspectiva ha creado las condiciones para que las mujeres siempre y en cualquier parte del mundo, bajo cualquier circunstancia, a cualquier hora, con cualquier vestimenta, con cualquier oficio o profesión, en las zonas rurales o urbanas, de cualquier edad, herencia étnica u origen nacional, de clase social alta o baja, casadas o solteras, se encuentren siempre en riesgo de ser victimizadas; es decir, de ser acosadas, insultadas, tocadas, violadas, golpeadas, heridas y asesinadas, por uno o varios hombres que pensaron y decidieron que, -en una sociedad que así se los permite- tenían el derecho para disponer de sus cuerpos, su sexualidad y sus vidas.

 

Ejemplos de ello sobran, entre los casos más recientes es posible mencionar la dramática experiencia de la modelo británica Chloe Ayling de 20 años, quien en el mes de julio fue drogada y secuestrada durante una sesión de fotos falsa en Italia, para ser vendida como esclava sexual en la Deep Web. Los secuestradores publicaron fotografías de la mujer recostada en el suelo publicitándola como esclava sexual y en su abdomen se podía ver un cartel que indicaba el monto mínimo de la subasta: 300.000 dólares. ¿Chloe se lo buscó? ¿Al convertirse en modelo debía saber a lo que se exponía?

 

La periodista sueca Kim Wall de 30 años, también se convirtió en noticia cuando fue asesinada, decapitada, desmembrada y arrojada al Mar Báltico, después de que el 10 de agosto se subió a un submarino de fabricación casera del danés Peter Madsen para realizar una entrevista al inventor y reseñar su sumergible. ¿Tuvo Kim la culpa? ¿Por hacer su trabajo es responsable de lo que le hicieron?

 

En Casablanca, Marruecos, en el mes de agosto una joven de 24 años con discapacidad mental fue desnudada, manoseada y violada entre risas a plena luz del día por un grupo de seis adolescentes en el interior de un autobús en marcha, ante la mirada cómplice y pasiva del conductor y de los pasajeros que presenciaron el hecho. El abuso sexual además fue grabado y difundido con total impunidad en redes sociales. ¿Fue la mujer causante de lo sucedido? ¿Por su discapacidad, por subir sola a un autobús en pleno día?

 

La mexicana Mara Castilla de 19 años de edad, reportada como desaparecida desde el 8 de septiembre, fue agredida sexualmente y estrangulada hasta la muerte por el conductor de una unidad de taxis de la compañía Cabify, cuando se trasladaba a su casa después de haber salido a bailar con unos amigos. ¿Es atribuible a Mara el crimen contra ella cometido? ¿Se puso en riesgo por haber salido, por haber bailado, por tomar un taxi?

 

Estos son solo algunos de los casos que la extensión de este artículo me permite nombrar, son miles en todo el mundo, son infinidad de historias que pasan tanto y tan rápido que no nos alcanza el tiempo para escribir de ellas, de nombrarlas, de sacarlas del anonimato, del estigma y de la culpa a la que las condenan la estructura mediática, el impune aparato de justicia y el viciado sistema de valores de nuestra sociedad. Ante la victimización de las mujeres, apriorísticamente siguen siendo envilecidas y culpabilizadas, pero nunca sus agresores; aun cuando son hallados los culpables las únicas expuestas y responsabilizadas son las mujeres, por “colocarse en esa situación”, por incitar al hombre, por seducirlo, por hacerlo enfurecer, por provocarle, por exacerbar sus deseos o sus inseguridades, por rechazarles, por hacerle sacar de sí lo más primitivo e instintivo de su ser, por haber pensado, por haber hablado, por haber reído, por haber bebido, por haber cantado, por haber salido, por haber creído, por haber confiado, en definitiva, por vivir.

 

Pero ninguna de ellas tuvo la culpa de las violencia que les fueron infligidas, por los crímenes contra ellas cometidos. Las mujeres no son responsables por la misoginia de los hombres que las victimizan, los responsables han sido, son y siempre serán los agresores, los violentos, los violadores, los tratantes de mujeres, los acosadores, los feminicidas. Los responsables son los medios que culpan a las víctimas, los responsables son los cuerpos de seguridad que hacen caso omiso ante los gritos de auxilio de las mujeres, los responsables son los fiscales y los jueces que no hacen justicia, los responsables son aquellos que las juzgan, que las culpan, que las revictimizan, los responsables son quienes las violencias, las violaciones y los feminicidios los justifican.

 

Esther Pineda G

Publicado en La Red 21, Montevideo, Septiembre 2017.

Publicado en VOCES Diario digital, San Salvador, Octubre 2017.