Las redes sociales y la violencia contra la mujer

La violencia contra la mujer es solo una de las múltiples formas en las que se expresa la dominación patriarcal en la sociedad contemporánea; sin embargo, a través de sus diversas manifestaciones y su carácter físico, psicológico, verbal, sexual y simbólico, es una de las situaciones que con mayor fuerza afectan la calidad de vida de las mujeres, y sus posibilidades reales de inserción y desarrollo en el entramado relacional y productivo de la sociedad.

 

Pese a ello, estamos acostumbrados a considerar violencia solo a aquella violencia física o verbal que escuchamos al otro lado de nuestras paredes, y quienes hacemos vida en este ámbito -por razones profesionales o por activismo- hemos ido un poco más lejos, preocupándonos por la violencia a la que se enfrentan las mujeres en la vida cotidiana en situaciones como el acoso callejero, la cosificación y representación estereotípica en los medios de comunicación, la violencia sexual en el ámbito público, privado y laboral, entre otros. No obstante, con frecuencia es desatendido uno de los principales ámbitos de interacción y realización de la vida en la sociedad actual, las redes sociales.

 

Desde hace algún tiempo los servicios de mensajería se han convertido en un mecanismo de control y monitoreo permanente de las interacciones y actividades de la mujer en el contexto de las relaciones amorosas; naturalizadas con mayor frecuencia por las parejas más jóvenes quienes, al iniciar sus procesos de socialización en la era digital y de las redes sociales, perciben estas formas de relacionamiento invasivas y violentas como naturales expresiones de amor.

 

Otra de las formas de violencia contra la mujer que podemos encontrar con frecuencia en las redes sociales son comentarios, memes, imágenes, videos y otros recursos que descalifican y denigran a la mujer, cosifican sus cuerpos y las hipersexualizan; donde se exacerban y naturalizan las desigualdades sociales entre hombres y mujeres, donde se les representa como meros objetos para el consumo masculino. Es común encontrar contenidos en los que se incita a los hombres a ser violentos con las mujeres si estas no responden a sus exigencias y expectativas, donde se naturaliza el acoso callejero, donde se reproducen estereotipos y patrones de belleza homogeneizadores y excluyentes.

 

Además de ello, también en las redes sociales se ejerce la violencia contra la mujer cuando son atacados de forma viral los contenidos que visibilizan las aun existentes desigualdades por razones de género. Es violencia cuando las luchas de las mujeres son constantemente descalificadas, cuando son llamadas feminazis, hembristas, acusadas de ejercer discriminación a la inversa o revanchismo por promover y vindicar sus derechos.

 

Pero esta violencia contra la mujer en las redes sociales no solo es simbólica, iconográfica y verbal; es también violencia cuando las mujeres son fotografiadas sin su consentimiento en los espacios públicos e íntimos para luego compartir sus fotografías en las redes sociales, es violencia cuando el sexting se convierte en un medio para la venganza, para hacer pública la intimidad y exponer a la mujer al escarnio colectivo. Es violencia cuando las redes sociales son utilizadas para transmitir vía streaming o subir fotografías y videos de violaciones y ataques colectivos de los que fueron víctimas las mujeres.

 

Si bien es cierto que las redes sociales se han convertido en aliadas de las mujeres en la divulgación de su pensamiento, sus productos literarios, artísticos, audiovisuales, intelectuales, al mismo tiempo que les han permitido crear redes para consolidar su activismo, para visibilizar y exigir atención a sus intereses y necesidades; debemos estar atentos pues también continúan siendo un espacio constante para el ejercicio de la violencia y la discriminación por razones de género.

 

Esther Pineda G

Publicado en Contrapunto, Caracas, Abril 2016