La poesía ignorada: Las mujeres de la generación beat

Se conoce como “La generación beat” a un grupo de escritores, intelectuales y artistas que durante la década de los 50 hicieron ruptura con los valores tradicionales de la sociedad norteamericana. Se decantaron por el uso de las drogas, la vindicación de la libertad sexual, la androginia, la bisexualidad y la homosexualidad en un entorno represivo y castrador; rescataron el disfrute de la música no comercial como el jazz, la meditación, la filosofía oriental, así como, la producción literaria desde la prosa y la poesía desafiando la rigidez narrativa enseñada en las grandes universidades. Fue esa perspectiva transgresora lo que consolidó al movimiento beat como la principal influencia de la contracultura y movimiento hippie de la década de los 60.

 

Los autores más conocidos de este movimiento fueron Jack Kerouac, Allen Ginsberg, William Burroughs, Neal Cassady y Lucien Carr; pero del cual también formaron parte autores como: Herbert Huncke, John Clellon Holmes, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Bob Kaufman, Gary Snyder, Carl Solomon, Philip Lamantia, y Peter Orlovsky. Ahora, si bien es cierto que tuvieron que enfrentarse a una sociedad conservadora, que se escandalizó con sus letras al punto de ser sometidas a juicios y prohibiciones, el ser hombres les colocó en condición de privilegio y les permitió monopolizar el éxito y el reconocimiento que más tarde les fuera otorgado en la comunidad literaria.

 

De esta manera surge la pregunta: ¿y las mujeres? La traductora y poeta española Annalisa Marí Pegrum afirma que sí, efectivamente hubo mujeres que también escribieron y formaron parte de esta generación, “no se limitaron a ser meras amigas, amantes, esposas o musas; eran mujeres que estaban en el mismo momento y en los mismos círculos de amigos, pero que no tuvieron la misma visibilidad que los hombres y que lo tuvieron mucho más difícil a la hora de ser publicadas o de participar públicamente en los recitales”; sin embargo, en el periodo después de la segunda guerra mundial, se promovió el retorno de las mujeres al hogar y la maternidad, por lo que estas poetas y literatas fueron duramente sancionadas por una sociedad moralista que se negó aceptar en sus voces la emisión de juicios sobre el amor libre, el lesbianismo, las adicciones y la ruptura con los valores tradicionales. Otras fueron más allá y en sus textos se permitieron la incorporación de un pensamiento feminista, así como, de la crítica política y social de su época.

 

Estos hechos tuvieron consecuencias, sus libros confiscados de las librerías, algunas de ellas acosada constantemente por la policía, se enfrentaron a cargos de obscenidad por sus obras e incluso llegaron a ser encarceladas. Otras, repudiadas por sus familias, expulsadas de sus hogares y en oportunidades patologizadas, así lo afirmó Gregory Corso en una entrevista “hubo mujeres, estaban allí, yo las conocí, sus familias las encerraron en manicomios, se las sometía a tratamiento por electroshock. En los años 50, si eras hombre, podías ser un rebelde, pero si eras mujer, tu familia te encerraba. Hubo casos, yo las conocí. Algún día alguien escribirá sobre ellas”. Pero también fueron llevadas a la locura y el suicidio por la sanción social en una sociedad machista que se negaba a reconocer la influencia y libertad de ideas en las mujeres; uno de los casos más dramáticos fue el de Elise Cowen, quien según Annalisa Marí, autora del libro “Beat attitude: antología de mujeres poetas de la generación beat” (2015), cuando se suicidó, su familia intentó quemar todos sus escritos para que no quedara ninguna prueba sobre su vida y lo que ellos consideraban inmoral.

 

De este modo, la mayoría de las mujeres que formaron parte del movimiento beat fueron condenadas al oprobio, pero sobre todo a la invisibilización y al olvido de su producción, para vindicarlas te compartimos una selección de algunos de sus mejores poemas.

 

“La certeza” de Denise Levertov

Han perfeccionado los medios de destrucción,

La ciencia abstracta casi visiblemente brilla,

tan refinadamente pulida. Armas inmateriales

que nunca nadie podría tener en las manos.

Se abren paso por la oscuridad, atraviesan grandes distancias,

introduciéndose por laberintos hasta llegar

a blancos que son conceptos.

Pero una antigua certeza

se mantiene: la guerra.

Significa sangre que se derrama de los cuerpos vivos,

Significa extremidades cortadas, ceguera, terror,

Significa duelo, agonía, huérfanos, hambruna,

Prolongada desdicha, permanente resentimiento

Y odio y culpa,

Significa todo esto multiplicado,

Significa muerte, muerte, muerte y muerte.

 

“Primero cazaron a los ángeles II” de Lenore Kandel

¿Quién engañó a los ángeles?

¿Quién robó el santo grial y lo cercenó por una jarra de vino?

 ¿Quién jodió el cuerno dorado de Gabriel?

¿Fue un trabajo interno?

¿Quién asó el cordero de dios?

¿Quién descargó las llaves de San Pedro por la boca de un inodoro de una Playa del Norte?

¿Quién violó a Santa María con un consolador de plástico marcado con el sello de Buenas Prácticas de aprobación?

¿Fue un trabajo externo?

¿Dónde están nuestras armas?

¿Dónde están nuestros garrotes, nuestros lanzallamas, nuestro gas venenoso, nuestras granadas de mano?

Empuñamos nuestras armas y nuestras rodillas producen tarjetas de crédito,

vomitamos cheques cancelados

Parados con las piernas extendidas con esfínteres abiertos llorando agua jabonosa de nuestros ojos radiactivos

Y gritando

Por el último rifle

El cañón mesiánico

La bomba pascual.

Los vientres de las mujeres abiertos y los chicos eliminan

Su salida con bayonetas

Escupiendo sangre en los ojos de las parteras ciegas

Antes de empalarse a sí mismos sobre sus propias espadas

Los penes de los hombres se vuelven ametralladoras azules de acero,

que eyaculan balas, esparcieron muerte como un orgasmo.

Los amantes ruedan en los arbustos desgarrando en los genitales del otro con uñas de hierro

La sangre fresca es servida en bares de comida sana libre de gérmenes

Vasos de papel

Tomó un trago por las mujeres del club sifilíticas

En máscaras de papel maché

Cada uno el mismo rostro pintado a mano de la madre de Hamlet a la edad de diez

Vemos desde el subsuelo

Nuestros ojos como periscopios

Arrojando los dedos a los perros como barras de caramelo

En un esfuerzo para sus ladridos

En un esfuerzo por mantener la paz

En un esfuerzo para hacer amigos e influenciar personas.

 

“Quise un coño de placer dorado” de Elise Cowen

Quise un coño de placer dorado

más puro que la heroína

Para honrarte

Un corazón tan grande

que puedas quitarte los zapatos y estirarte

La Anatomía del Amor

Oh si yo fiera un

coño de placer dorado más puro

que la heroína o el cielo

Para honrarte

Cama doble corazón como

una pradera en Yosemite

Para asimilar  tu soltura

La imaginación tan clara y activa como

una marisma al sol

Para ser interesante durante la cena

El alma como tu rostro antes

de nacer

Para alabarte

pechos, cabello, dedos,

mi cuerpo hecho ciudad

en tus brazos la noche entera.

 

“Sentada” de Elise Cowen

Sentada contigo en la cocina

Conversamos de todo

Y te amo bebiendo té.

“Eso” es la palabra perfecta,

regia y hermosa. ¡Oh,

cuánto deseo, aquí mismo, tu cuerpo,

con o sin poemas lengüetados!

 

“Loba” (extracto) de Diane Di Prima

A pie deambulan

Escupiendo deambulan

Musitando y llorando deambulan

Viejas y hablando solas

Con los ojos perdidos deambulan

Listas para un amorío deambulan

Llorando sus muertos.

 

“Praxis de la evocación mágica” de Diane Di Prima

Soy mujer y mis poemas

son de mujer: fácil

de decir. La hembra es dúctil

y

(caricia tras caricia)

se prepara para la calma

masoquista. El nervio entumecido

es parte de él:

sexo despierto, retina muerta

ojos de pez; en la raíz del cabello

sensibilidad mínima

y la arquitectura pélvica funcional

embestida por dentro y por fuera

(parir) el coño se ensancha

y relativamente mojado

para hombres niños sólo

la mujer

es dúctil

mujer, un velo a través del cual el juguetón Deseo

doblemente desgarrado

doblemente desgarrado

por dentro y por fuera

la corriente

¿qué ritmo añadir al silencio,

qué aplauso?

 

“Las mujeres fuertes pueden decir no” de Marge Piercy

Una mujer fuerte es una mujer esforzada

Una mujer fuerte es una mujer que se sostiene

De puntillas y levanta unas pesas

Mientras intenta cantar a las barricadas

Una mujer fuerte es una mujer manos a la obra

Limpiando el pozo negro de la historia

Y mientras saca la porquería con la pala

Habla de que no le importa llorar

Y vomitar estimula los músculos del estómago

Y sigue dando paladas con lágrimas en la nariz.

Una mujer fuerte es una mujer con una voz

En la cabeza que le repite:

Te lo dije, so fea, so mala, so tonta

Nadie más te va a querer nunca

¿Por qué no eres femenina?

¿Por qué no eres suave, discreta?

¿Por qué no estás muerta?

Una mujer fuerte es una mujer

Empeñada en hacer algo que los demás

Están empeñados en que no se haga.

Está empujando

La tapa de un ataúd de plomo desde dentro

Está intentando levantar con la cabeza

la tapa de una alcantarilla, está intentando

romper una pared de acero a cabezazos.

Le duele la cabeza. La gente que espera

a que haga el agujero le dice: date prisa

¡Eres tan fuerte!

Una mujer fuerte es una mujer que sangra por dentro

Una mujer fuerte es una mujer que se hace a sí misma

Fuerte cada mañana

Mientras se le sueltan los dientes

Y la espalda la destroza.

Cada niño, un diente, solían decir antes

y ahora, por cada batalla, una cicatriz.

Una mujer fuerte es una masa de cicatrices

Que duelen cuando llueve, y de heridas que sangran

Cuando se las golpea, y de recuerdos

Que se levantan por la noche y recorren la casa

De un lado a otro, calzando botas.

Una mujer fuerte es una mujer que ansía el amor

Como si fuera oxígeno para no ahogarse.

Una mujer fuerte es una mujer que ama con fuerza

Y llora con fuerza y se aterra con fuerza

Y tiene necesidades fuertes. Una mujer fuerte

Es fuerte en palabras, en conexión,

En sentimientos; no es fuerte como la piedra

sino como la loba amamantando a sus cachorros.

La fuerza no está en ella, pero la representa

como el viento llena una vela.

Lo que la conforta es que los demás la amen

Tanto por su fuerza como por la debilidad

De la que ésta emana, como el relámpago de la nube.

El relámpago deslumbra. Llueve,

Las nubes se dispersan. Sólo permanece

El agua de la conexión fluyendo por nosotras.

Fuerte es lo que nos hacemos unas a otras.

Hasta que no seamos fuertes juntas

Una mujer fuerte es una mujer fuertemente asustada.

 

“El derecho a la vida” de Marge Piercy

Una mujer no es un árbol de peras

inconsciente y fecundo del que caen los frutos

al mundo. Hasta los perales

se llenan un año y descansan al siguiente.

En los huertos descuidados cae la fruta

tibia y madura en el pasto, y los árboles se elevan

nudosos para regalo de los pájaros, a cuarenta pies de altura

entre espinas de una pulgada de largo,

que estallan con atavismo en la suave madera.

Una mujer no es una canasta en la que escondes

tus panecillos para mantenerlos calientes. No es una gallina

ponedora bajo la que deslizas huevos de pato.

No es la bolsa donde guardas el dinero

de tus hijos para usarlo después en tus guerras.

No es un banco donde tus genes ganan intereses

y mutaciones interesantes bajo esta lluvia

sucia. Tú tampoco lo eres.

Siembras maíz y lo cosechas

para comer o vender. Llevas las ovejas

a engordar a los pastos para enviarlas después

al matadero, por la carne. Partes la montaña

en dos para abrir un camino, excavas

las altas mesetas por carbón y dejas las aguas

barrosas por millas, por años.

Y los peces mueren, pero no son tuyos

hasta que te los quieres comer.

Pero ahora quieres legislar derechos mineros sobre la mujer.

Reclamas títulos sobre sus pastizales, para engordar el ganado;

sobre sus campos, para cultivar bebés como si fueran

lechugas. Y amas a los niños tan profundamente

que ninguno sufre hambre, ninguno llora

sin que le atiendan cuando la madre

trabaja, a ninguno le falta fruta fresca,

ninguno mastica plomo o tose hasta morir.

Y tus orfanatos están vacíos. Seguro que cada mediodía

tus mejores restaurantes le sirven bistec a los niños pobres.

En este mismo momento, a las nueve, una partera

le hace, sobre una mesa, un aborto

a una madre soltera de Texas que no puede obtener ayuda

del seguro. En cinco días morirá

de tétanos, y su niña llorará

y será llevada lejos. En la casa de al lado, el marido

y la mujer le clavan alfileres al hijo

que no quisieron. Y le explicarán

por horas lo malo que es,

y cómo le hace falta un poco de disciplina.

Todos nacemos de mujer, en la rosa

del vientre mamamos la sangre de la madre

y cada bebé que nace tiene el derecho de que lo amen,

como cada planta tiene derecho al sol. Cada niño que nace

sin amor es una deuda que ha de cobrarse

en veinte años con intereses, un odio

en busca de su blanco, un dolor

que causará dolor. Diez años de agua bajo los puentes

un niño grita, una mujer cae, una sinagoga es incendiada,

se forma un pelotón de fusilamiento, se aprieta

un botón rojo y el mundo arde.

Yo escojo lo que entra en mí; lo que se vuelve

carne de mi carne. Sin mis opciones, no viven la política

ni la ética. Yo no soy tu campo de maíz

ni tu mina de uranio; no soy tu ternera

de engorde, tu vaca de leche.

No me usarás como fábrica.

Los curas y los congresistas no son dueños

de acciones sobre mi vientre o mi mente.

Este es mi cuerpo. Si te lo doy

quiero que me lo devuelvas. Mi vida

es un derecho no negociable.

 

“Gracias a mi madre por las clases de piano” (extracto) de Diane Wakoski

Quiero agradecerle a mi madre

Por trabajar a diario

En una oficina gris

En garajes y compañías de agua

Le quitaba la crema a su café a los 40

para perder peso. Su pesado cuerpo

Escribía sus delicados libros de bibliotecaria

sola, sin un hombre que mirara su rostro

su cuerpo, su prematuro cabello blanco

enamorado.

Quiero agradecerle a mi madre

Por trabajar y pagar siempre

Mis clases de piano

Antes de pagar el préstamo al Banco de América

O comprar la despensa

O arreglar nuestro viejo y ruidoso Ford.

 

Esther Pineda G

Publicado en Cultura Colectiva, Ciudad de México, Febrero 2017. Originalmente con el título  “Poemas para las mujeres fuertes que ansían el amor como oxígeno”