La soledad del pan de Juan Pablo Abraham

Juan Pablo Abraham nació el 28 de noviembre de 1980 en la localidad de Noetinger en la provincia de Córdoba, Argentina, en el seno de una familia de clase trabajadora. Su interés por las letras comenzó a temprana edad, lo cual más tarde lo llevaría a licenciarse en lengua y literatura en la Universidad Nacional de Villa de María. En 2013 obtuvo una beca para perfeccionar sus estudios de lengua alemana en la Universität Siegen (Alemania), y actualmente se desempeña como editor en la editorial Universitaria Eduvim. 

 

En el año 2011 publicó junto a Alfredo Fraschini y Carlos Blanch el libro “Ética de los pensadores atomistas”, donde analizó y tradujo fragmentos de la obra del poeta latino Tito Lucrecio Caro. Aunque desde hace algunos años Juan Pablo es reconocido como uno de los poetas emergentes en la escena literaria Argentina, no fue sino recientemente que publicó su primer libro de poemas titulado “La soledad del pan” con Borde Perdido Editora.

 

Este emotivo poemario lleva al lector por un recorrido hacia esas emociones que muchos comparten, con las cuales se sentirán identificados, pero que muy pocos son capaces de pronunciar en voz alta. La fatiga de la vida, el desprecio de sí mismo, la soledad en medio de la bulliciosa compañía, el inevitable proceso de hacerse ajeno de los cercanos, amar y ser amado pero nunca comprendido, el desprendimiento y la contemplación lejana de lo conocido; pero también la reconciliación consigo mismo y el retorno de la ilusión.

 

En “La soledad del pan” el amor aparece como un motivo para vivir, el amor a las letras, al otro, pero también el amor a la vida que termina o a la vida que comienza. El motivo de vivir queda develado entonces como un hecho externo, como una condición de dependencia pues, el motivo de vivir nunca está en uno mismo; por el contrario, se realiza en el desdoblamiento, en la necesidad de prolongarnos, de colocar en otra cosa o en otros sujetos la pesada carga de continuar aquello que no podemos o no tenemos el valor de continuar por nosotros mismos: nuestra vida, nuestras ganas, nuestra pasión, nuestra alegría, nuestra fe.

 

FLOR EN EL CEMENTO

 

También el tallo rompe el cemento

y crece en la calle o en una vereda

solo, con violencia, en la intemperie.

El cemento lo oprime, lo empuja

no lo quiere sobre su gris compacto.

 

Vos también pusiste en tu mochila

palabras y más palabras, un vientre

materno de palabras, que en las noches

rompen la cal seca de tus paredes

y crecen en torno a la ventana.

 

 

 

LA SOLEDAD DEL PAN

 

Después de cena

los más unidos de la familia

eran los platos, los cubiertos y los vasos.

 

En cambio, el pan,

el poeta imprescindible,

luego de un beso en la frente,

era arrojado a la basura.

 

 

 

EL ENEMIGO

 

A veces lo siento respirar

y duermo sin peligro,

otras, en cambio,

mantiene el aire, se queda quieto

y entra sigiloso detrás de mis ojos,

cerca de mi alma.

Entonces leo,

leo hasta escucharlo respirar,

hasta que comienza el día.

 

Alguien puso este animal en mí.

y aprendo a vivir con él.

 

 

SOMBRAS DEBAJO

 

Contemplo mi rostro

en un televisor apagado

y ya no lo juzgo.

Ya no condeno a esos ojos

apenas ocultos bajo una frente

mojada de luz.

 

(Hay una historia detrás de la historia

y una palabra detrás de la palabra

apretada entre los dientes)

 

Contemplo mi rostro

en una pantalla apagada

y gana la noche,

gana la sombra.

De cualquier manera,

no salvaré a las piedras

arrojadas una tarde al rio,

quien esté libre de pecados…

no las usaré contra mis sombras,

…quién pudiera estarlo.

 

Contemplo mi rostro

en un televisor apagado

y puedo verme tal como soy.

 

 

POÉTICA

 

Después de mucho tiempo,

al volver de Alemania,

fui a la casa de mis padres.

El mundo de los objetos

permanecía inalterable,

los platos y los vasos

tenían la misma firmeza,

solo un pequeño temblor

en la mano de mi madre

los hacía un poco vulnerables.

Las cosas, me dijo,

se impregnan de nosotros,

y esto bien lo saben los poetas.

 

 

 

VIDA

Nos detiene en la esquina

una larga fila de autos,

el último adiós al hombre.

 

Pero igual abrimos paso

hasta llegar a casa,

 

y al encender la luz

hay otro motivo para vivir.

 

 

Esther Pineda G.

Publicado en Liberoamérica – Revista Literaria, Barcelona, Abril 2019.