Ser mujer y otros poemas de Daisy Zamora para celebrar el cuerpo

Nacer mujer en la década de los 50 significaba nacer para la tradición, sin embargo, a la nicaragüense Daisy Zamora las palabras la desbordaron a temprana edad; transgredió la feminidad esperada cuando a los ocho años comenzó a escribir poesía y a los 17 publicó su primer poemario en La Prensa Literaria. Obtuvo la licenciatura en ciencias de la educación con especialidad en psicopedagogía y otra en psicología por la Universidad Centroamericana.

 

Durante la década de los 70 luchó contra la dictadura de Somoza y en 1973 se unió al Frente Sandinista de Liberación Nacional. La persecución por su actividad política la obligó a exiliarse y vivió durante algunos meses en Honduras, Panamá y Costa Rica. Fue con el arribo de la revolución sandinista en 1979 que regresa a Nicaragua y es nombrada Viceministra de Cultura del Gobierno de Reconstrucción Nacional, cargo que ocupó hasta 1982. Posteriormente se ha desempeñado como traductora, antologista y catedrática.

 

En 1988 publicó su poemario “En limpio se escribe la vida”, en 1994 “A cada quien la vida”, en 2005 “Fiel al corazón, poemas de amor” y en el año 2007 “Tierra de nadie, tierra de todos”. Ha sido galardonada con el Premio Mariano Fiallos Gil, el Premio de Poesía del California Alts Council, y en 2006 fue nombrada Escritora del Año por la Asociación Nacional de Artistas en Nicaragua.

 

No obstante, la poesía de Daisy Zamora destaca por su profundidad, por el despertar de intensas sensaciones y emociones; porque permite a quien la lee identificarse y reconocerse en temas intersubjetivos como la muerte, la migración, la pobreza y la indiferencia ante ella de una clase privilegiada que la autora bien conoció. Pero sobre todo, en la poesía de Zamora pueden reconocerse las mujeres que luchan por sus derechos en una sociedad aún desigual, las que quisieron hacerlo pero nunca se atrevieron, aquellas que han cuestionado el machismo, las que contra todo pronóstico se han permitido rechazar la tradición, las que se han permitido reconocer su belleza y disfrutar de su cuerpo; pero también quienes han alzado sus voces para denunciar la imposición de la renuncia, la abnegación, la violencia y la invisibilidad como condición intrínseca de la feminidad.  Te invitamos a conocer una breve selección de sus poemas:

 

Mensaje urgente a mi madre

Fuimos educadas para la perfección:

para que nada fallara y se cumpliera

nuestra suerte de princesa-de-cuentos

infantiles.

¡Cómo nos esforzamos, ansiosas por demostrar

que eran ciertas las esperanzas tanto tiempo

atesoradas!

Pero envejecieron los vestidos de novia

y nuestros corazones, exhaustos,

últimos sobrevivientes de la contienda.

Hemos tirado al fondo de vetustos armarios

velos amarillentos, azahares marchitos

ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.

Perdón, madre, por las impertinencias

de gallinas viejas y copetudas

que sólo saben cacarearte bellezas

de hijas dóciles y anodinas.

Perdón, por no habernos quedado

donde nos obligaban la tradición

y el buen gusto.

Por atrevernos a ser nosotras mismas

al precio de destrozar

todos tus sueños.

 

Celebración del cuerpo

Amo este cuerpo mío que ha vivido la vida,

su contorno de ánfora, su suavidad de agua,

el borbotón de cabellos que corona mi cráneo,

la copa de cristal del rostro, su delicada base

que asciende pulcra desde hombros y clavículas.

Amo mi espalda pringada de luceros apagados,

mis colinas translúcidas, manantiales del pecho

que dan el primer sustento de la especie.

Salientes del costillar, móvil cintura,

vasija colmada y tibia de mi vientre.

Amo la curva lunar de mis caderas

modeladas por alternas gestaciones,

la vasta redondez de ola de mis glúteos

y mis piernas y pies, cimiento y sostén del templo.

Amo el puñado de pétalos oscuros, el oculto vellón

que guarda el misterioso umbral del paraíso,

la húmeda oquedad donde la sangre fluye

y brota el agua viva.

Este cuerpo mío doliente que se enferma,

que supura, que tose, que transpira,

secreta humores y heces y saliva,

y se fatiga, se agota, se marchita.

Cuerpo vivo, eslabón que asegura

la cadena infinita de cuerpos sucesivos.

Amo este cuerpo hecho con el lodo más puro:

semilla, raíz, savia, flor y fruto.

 

A una dama que lamenta la dureza de mis versos

Sucede que cuando salgo,

lo primero que veo es un vagabundo que hurga en la basura.

A veces, una loca sombrea su miseria

frente a mi casa. Y el vacío de sus ojos insomnes

entenebrece la luz de la mañana.

Esquinas y semáforos invadidos por gentes

que venden cualquier cosa… enjambres de niños

se precipitan a limpiar automóviles

a cambio de un peso, un insulto, un golpe.

Adolescentes ofertan el único bien: sus cuerpos.

Mendigos, limosneros, drogadictos: la ciudad entera

es una mano famélica y suplicante.

Usted vive un mundo hermoso: frondosas arboledas

canchas de tenis, piscinas donde retozan

bellos adolescentes. Por las tardes

niñeras uniformadas pasean en cochecitos

a rubios serafines.

Su marido es funcionario importante.

Usted y su familia vacacionan en Nueva York o París

y en este país están sólo de paso.

Lamenta mis visiones ásperas. Las quisiera suaves,

gratas como los pasteles y bombones que usted come.

Siento no complacerla. Aquí, comemos piedras.

 

Cuando las veo pasar

Cuando las veo pasar alguna vez me digo: qué sentirán

ellas, las que decidieron ser perfectas conservar a toda costa

sus matrimonios no importa cómo les haya resultado el marido

(parrandero mujeriego jugador pendenciero

gritón violento penqueador lunático raro algo anormal

neurótico temático de plano insoportable

dundeco mortalmente aburrido bruto insensible desaseado

ególatra ambicioso desleal politiquero ladrón traidor mentiroso

violador de las hijas verdugo de los hijos emperador de la casa

tirano en todas partes) pero ellas se aguantaron

y sólo Dios que está allá arriba sabe lo que sufrieron.

Cuando las veo pasar tan dignas y envejecidas

los hijos las hijas ya se han ido en la casa sólo ellas han quedado

con ese hombre que alguna vez quisieron (tal vez ya se calmó

no bebe apenas habla se mantiene sentado frente al televisor

anda en chancletas bosteza se duerme ronca se levanta temprano

está achacoso cegato inofensivo casi niño) me pregunto:

¿Se atreverán a imaginarse viudas a soñar alguna noche

que son libres

y que vuelven por fin sin culpas a la vida?

 

Fiel ama de casa

Todo terminó con la Luna de Miel:

Azahares, cartas de amor, llantos pueriles.

Ahora reptas a los pies de tu señor:

Primera en su harén,

tomada o abandonada según capricho

Madre de los hijos de su apellido

oreando tu abandono

junto al tendedero de pañales

estrujando tu corazón

hasta despercudirlo en la ropa blanca.

Acostumbrada al grito, a la humillación

de la mano servil ante la dádiva,

Mujer arrinconada

Sombra quejumbrosa

con jaquecas, varices, diabetes.

Niña guardada en estuche

que casó con primer novio

y envejeció escuchando el lejano bullicio

de la vida

desde su sitial de esposa.

 

Elegía mínima

Acaba de morir una mujer sencilla.

Su vida de auxiliar de enfermería

fue útil a la especie.

No tuvo supermercados,

ni bancos,

no explotó a nadie.

Es decir, no fue dañina

como los magnates,

los dictadores,

los genios de las finanzas

y los politiqueros.

La noticia de su muerte

no será publicada

en ningún diario.

No hay campos pagados

presentando condolencias

a su familia.

ÁNGELA RAYO

que esta frágil lápida

fije tu nombre

y guarde tu memoria.

 

Marina

Las muchachas

bocas demasiado rojas,

ojos presos en círculos

demasiado negros.

Oscuras ellas como anguilas

contrastan violentamente

con sus trajes de baño.

Andan de week-end

con unos viejos funcionarios internacionales

que beben whisky

y pagan su compañía con ropas y baratijas.

Ellos generosamente las obsequian

con su más tierna halitosis

y sus impotentes taquicardias.

Cardumen de sirenas o sardinas

lanzan las olas: guirnaldas y espuma.

Y brincan brincando mejor en la playa ardiente

que en las camas otoñales.

 

Amigas/Hermanas

Nada sucedió como lo habíamos previsto.

Pero estábamos recién llegadas a la vida

como a una gran ciudad.

Aturdidas por el bullicio de la multitud.

(Éramos como garzas a la vera de un río.

Heliotropos radiantes en la primera lluvia.

Un campo de algodón bañado por la luna).

¿Cuándo fue que la Muerte empezó a visitarnos?

¿En qué momento, a cada una

por fin, nos alcanzó el desastre?

¿Cómo sobrevivimos a la devastación?

No lo sabemos. Cada quién hizo lo que pudo.

En la tierra arrasada quedaron los escombros

que hemos dejado atrás.

Pero a veces, sin quererlo, de pronto recordamos

que alguna vez las ruinas fueron antiguos reinos.

—Espejismos de reinos para el alma desierta.

 

La migrante

Se despierta extrañada

desconociendo el cuarto.

¿Adónde se fue el padre,

dónde la madre

que hace un momento apenas

la acompañaban?

¿Dónde están las palabras

de la conversación,

y el patio oloroso

después del aguacero?

Se levanta y suspira.

Este cuarto extranjero

y la luz indiferente

de una mañana cualquiera

que la hiere.

Desde la calle

los ruidos de la vida entran.

Y el sueño queda estrujado

como un pañuelo.

 

Ser mujer

Haber nacido mujer significa:

poner tu cuerpo al servicio de otros,

dar tu tiempo a otros,

pensar sólo en función de otros.

Haber nacido mujer significa:

que tu cuerpo no te pertenece,

que tu tiempo no te pertenece,

que tus pensamientos no te pertenecen.

Nacer mujer es nacer al vacío.

Si no fuera porque tu cuerpo-albergue

asegura la continuidad de los hombres

bien pudieras no haber nacido.

Nacer mujer es venir a la nada.

A la vida deshabitada de ti misma

en la que todos los demás —no tu corazón—

deciden o disponen.

Nacer mujer es estar en el fondo

del pozo, del abismo, del foso

que rodea a la ciudad amurallada

habitada por Ellos, sólo por Ellos,

a los que tendrás que encantar, que engañar,

servir, venderte, halagarlos, humillarte,

rebelarte, nadar a contra corriente, pelear,

gritar, gritar, gritar

hasta partir las piedras,

atravesar las grietas,

botar el puente levadizo, desmoronar los muros,

ascender el foso, saltar sobre el abismo,

lanzarte sin alas a salvar el precipicio

impulsada por tu propio corazón

sostenida por tus propios pensamientos

hasta librarte del horror al vacío

que tendrás que vencer

sólo con tu voz y tu palabra.

 

 

Esther Pineda G.

Publicado en Cultura Colectiva, Ciudad de México, Mayo 2017. Originalmente con el título “Poemas que me hicieron aceptar los contornos imperfectos de mi cuerpo”.