Poemas de Adela Zamudio para las mujeres capaces de desafiar a su época

Considerada precursora del feminismo boliviano, Adela Zamudio, nació en Cochabamba el 11 de octubre 1854, en el seno de una familia fervientemente católica y con recursos económicos por sus estrechos vínculos con la minería, situación que le permitió vivir una infancia tranquila. Comenzó a escribir a temprana edad, a los 14 años publica sus primeros poemas en algunos folletines bajo el seudónimo de Soledad. En 1877 publica sus versos en el periódico El Heraldo, con lo cual su obra comienza a tener difusión y a ser reconocida en los círculos literarios del país y del exterior.

 

Su primer libro titulado Ensayo poéticos, fue publicado en Buenos Aires en 1887; en esta época la otrora posición económica de su familia se viene abajo, sus padres envejecidos y sus hermanos enfermos, llevaría a Adela no solo a dedicarse a cuidarlos, sino también, a sortear distintas situaciones para sostener el hogar familiar y a sí misma, situación de precariedad que enfrentaría durante el resto de su vida. Este hecho, aunado a su pasión por las artes se concretó en la fundación de una academia de dibujo y pintura, en 1899 se incorporó al magisterio como profesora de la escuela fiscal San Alberto y, en 1905 -con el objetivo de proporcionar a las mujeres una opción más allá del matrimonio y la maternidad-, funda la Escuela Fiscal de Señoritas, el primer colegio laico de la Cochabamba.

 

En 1903 publica en París el poemario Ráfagas y, pese a proceder de una familia religiosa, se enfrentó a la Iglesia Católica con su poema “Quo Vadis?”, en el cual criticó de manera feroz la desigualdad social y la hipocresía de esta institución. Esta afrenta generó gran revuelo en la conservadora y tradicionalista sociedad boliviana; sectores de la población enardecidos recolectaron firmas para una carta de desagravio al papa, y finalmente fue excomulgada.

 

La Roma que tus mártires supieron

En horribles suplicios perecer

Es hoy lo que los césares quisieron:

Emporio de elegancia y de placer.

Allí está Pedro. El pescador que un día

Predicó la pobreza y la humildad

Cubierto de lujosa pedrería

Ostenta su poder y majestad.

 

En 1906 publica El castillo negro y en 1913 su única novela titulada Intimas, pero esta fue recibida negativamente por el público boliviano. El reconocido crítico literario Claudio Peñaranda, recomendó a la escritora: “retorne a la poesía; el ilustre señor viene a decirle que la novela no es cosa de mujeres”. El machismo una vez más actuó y contribuyó a que la obra de Zamudio fuese sepultada.  Pero el argumento de la novela no estuvo muy divorciado de la vida de la autora, quien al igual que uno de sus personajes se mantuvo soltera toda su vida. algunos lo atribuyeron al fracaso de su único noviazgo conocido a los veinte años, experiencia que la llevó a refugiarse en la soledad; sin embargo, tendría más sentido que optara por la soltería al rechazar las condiciones de dependencia y dominación masculina a la que debían someterse las mujeres de su época y que tanto cuestionó en sus escritos.

 

En 1926 fue coronada por el Presidente de la República, y exaltada como “la más elevada exponente de la cultura femenina, eximia y genial poetisa”, reconocimiento agridulce pues, pese a ello, vivió sus últimos años de los exiguos recursos de su jubilación. Dos años más tarde, el 2 de junio de 1928, murió en su ciudad natal a consecuencia de una infección pulmonar.

 

Su multifacética obra, en la cual es posible considerar poesía, cuento, novela y ensayo, al haber cuestionado la situación de la mujer, su reclusión en el espacio privado, su exclusión de los espacios de liderazgo, producción de conocimiento y toma de decisiones políticas y sociales, derivó en el rechazo de su obra. Las editoriales durante décadas la condenaron al olvido, castigo que la autora sigue padeciendo pues, aun en la actualidad su producción literaria continúa siendo invisibilizada.

 

Te invitamos a romper el cerco impuesto por el patriarcado leyendo a esta polémica poeta boliviana:

 

Nacer hombre

¡Cuánto trabajo ella pasa

por corregir la torpeza

de su esposo, y en la casa!

(Permitidme que me asombre.)

Tan inepto como fatuo,

sigue él siendo la cabeza,

¡Porque es hombre!

Si algunos versos escribe,

de alguno esos versos son,

que ella sólo los suscribe.

(Permitidme que me asombre.)

Si ese alguno no es poeta,

¿Por qué tal suposición?

¡Porque es hombre!

Una mujer superior

en elecciones no vota,

y vota el pillo peor.

(Permitidme que me asombre.)

Con tal que aprenda a firmar

puede votar un idiota,

¡Porque es hombre!

Él se abate y bebe o juega

en un revés de la suerte:

ella sufre, lucha y ruega.

(Permitidme que me asombre.)

Que a ella se llame el “ser débil”

y a él se le llame el “ser fuerte”.

¡Porque es hombre!

Ella debe perdonar

siéndole su esposo infiel;

pero él se puede vengar.

(Permitidme que me asombre.)

En un caso semejante

hasta puede matar él,

¡Porque es hombre!

¡Oh, mortal privilegiado,

que de perfecto y cabal

gozas seguro renombre!

En todo caso, para esto,

te ha bastado

nacer hombre.

 

La ciega

¡Ay! No gimas, señora

por un ignorado bien

y  mientras el mundo llora

busca en tu alma soñadora

lo que tus ojos no ven.

 

Cuando estés con una mujer

Cuando estés con una mujer.

Hazle el amor, no solo tengas sexo.

Dile que la amas, que estás loco por ella.

No solo la bese y entres de lleno.

Besa su cuerpo entero,

recorriendo sus rincones.

Reconoce con tus labios lo que la ropa

no deja ver.

Desea con todas tus fuerzas el poderla poseer.

Se amable y atento antes de hacerlo.

Para que así no haya remordimiento.

Se dulce y tierno para que casi este completo.

Pero sobre todo ámala profundamente,

porque amar es respetar,

Y al respetar comprender el porqué de las cosas,

el porqué de su entrega,

pues es solo su amor de verdad.

 

Progreso

Hubo un tiempo de amor contemplativo

En que el saber, muy poco positivo,

Confundiendo la tierra con los cielos,

Ensalzaba las vírgenes modelos.

Y en que inspirándoles horror profundo

La realidad prosaica de este mundo,

Las muchachas de quince primaveras

Se arrobaban en místicas quimeras.

Pero desde que el hombre sabio y fuerte,

Compadecido de su incierta suerte,

Discute con profundos pareceres

La educación moral de las mujeres;

Desde que ha definido su destino,

No señalándole más que un camino,

Y ni virtud ni utilidad concilia

Sin la maternidad en la familia;

Ya saben ellas desde muy temprano

Que amar un ideal es sueño vano,

Que su único negocio es buscar novio

Y quedar solterona el peor oprobio.

Ninguna ha de quedar chasqueada hoy día

Por elegir — como antes sucedía —

Que hoy ocupa el lugar de la inocencia

La prematura luz de la experiencia.

Hoy del amor, preciso es no hacer caso,

Porque el amor es pobre y pide plazo,

Y por salir cuanto antes del apuro

Se acepta lo más próximo y seguro

De modo que todo hombre hoy al casarse

Podrá con la certeza consolarse

De que — a no serlo suya — siempre fuera

Su adorada mitad de otro cualquiera.

 

El hombre

Cuando abrasado por la sed del alma

Quiere el hombre, viajero del desierto,

Laureles recoger,

Al dintel de las puertas de la gloria

“detente aquí” le dice a la mujer.

Y al volver a emprender la ardua carrera,

Si siente que flaquea su valor,

“ven, ven –la dice entonces-,

Tú eres mi compañera

En las horas de lucha y de dolor…”

 

El cisne

Soy la flor que en su tallo se dobla,

porque sufre guardando en su seno.

De un gusano escondido el veneno,

que devora mi triste existir;

¡de un gusano escondido el veneno,

que devora mi triste existir!

Cuanta pena contiene un recuerdo

olvidando las penas se calma,

si el olvido es el sueño del alma,

pero mi alma no puede dormir…

¡Si el olvido es el sueño del alma,

pero mi alma no puede dormir!

Confundido por onda tristeza

el dolor se retrata en mi frente,

Cuán amarga es mi vida presente,

Cuan amargo será el porvenir

¡Cuán amarga es mi vida presente,

Cuán amargo será el porvenir!

Soy el cisne que canta doliente

De mi muerte el momento esperando

Yo que siempre he vivido llorando

Quiero al menos cantado morir

¡Yo que siempre he vivido llorando

Quiero al menos cantando morir!

 

 

Esther Pineda G.

Publicado en Cultura Colectiva, Ciudad de México, Diciembre 2017.