Poemas de Cristina Peri Rossi y Rosa María Roffiel para las mujeres que han decidido amar a otras mujeres

Como afirma Gayle Rubin en su libro Reflexionando sobre el sexo. Notas para una teoría radical de la sexualidad: la conducta homosexual ha estado siempre presente entre los humanos, pero en las diferentes sociedades y épocas ha sido recompensada o castigada, buscada o prohibida. Sin embargo, ser mujer y desobedecer el mandato social de la heterosexualidad, ha sido y continúa siendo considerada una de las transgresiones más sancionadas moral, mítica y socialmente.

 

En este contexto, la existencia lésbica o bisexual es concebida como “anormal” y “antinatural”, motivo por el cual con frecuencia es rechazada, excluida, silenciada, invisibilizada y rigurosamente sancionada. Como señala Adriane Rich “El supuesto de que la mayoría de las mujeres son heterosexuales por naturaleza sigue siendo sostenible en parte porque la existencia lesbiana ha sido borrada de la historia o catalogada como enfermedad”.  Así también lo pone de manifiesto Michel Foucault quien consideró que lo homosexual en esta dinámica organizativa de lo social, se encuentra a la vez expulsado, negado y reducido al silencio. No sólo no existe sino que no debe existir y se hace desaparecer a la menor manifestación, ya sean actos o palabras.

 

Es a razón de ello que, desde la antigüedad el principal medio para la expresión y realización de la experiencia lésbica ha sido la escritura, así lo puso de manifiesto la poetisa griega Safo de Lesbos, cuyos poemas describían amor apasionado hacia sus compañeras. En la actualidad este hecho no es una excepción pues la escritura sigue siendo el medio por excelencia para la declaración y visibilización de la existencia bisexual y lesbiana.

 

Sin embargo, el amor homosexual tradicionalmente ha sido representado como exclusivamente sexual, furtivo, promiscuo, fugaz, superficial, intrascendente; como escándalo, tragedia y transgresión. No obstante, a través de la poesía ha sido posible desmitificar y desprejuiciar el amor entre mujeres, rescatar la feminidad, el descubrimiento de otras formas de vivir y sentir el amor, el retorno a la inocencia, la magia; la conexión de los sentidos a través de la palabra que narra el cálido aproximar de los cuerpos, la superación del tabú, la experimentación emotiva y el despertar del erotismo.

 

Te compartimos una selección de poemas de la uruguaya Cristina Peri Rossi y de la mexicana Rosa María Roffiel para entender el amor entre iguales.

 

«Quise ser hombre» – Rosa María Roffiel

Una vez quise ser hombre
para casarme con mi hermana
que ya lleva tres divorcios.
Para amar a mis amigas
que en cada relación mueren un poco.
Quise ser hombre
para fecundar sus vientres,
no de hijos, sino de poesía,
vino tinto, relojes parados,
unicornios azules.

Para decirle a Josefina
cuanto admiro su forma de entregarse.
Para escribirle a Rosi
esas cartas que no llegan nunca.
Llamar por teléfono a Pilar
que espera tantas tardes.
Llenar de caricias prolongadas
el espacio de Beatriz,
que vive sola
y le tiene miedo a los temblores.

Quise ser hombre,
para amarlas a todas y no sentir más
el frío de sus lágrimas en mi playera,
ni mirarlas apagarse,
ni presenciar sus funerales
en sus ataúdes de treinta años.

Quise ser hombre
para invitarlas a volar el periférico,
a bailar descalzas porque el América
le ganó al Guadalajara,
para llevarlas del brazo hasta una cama
donde no tengan que fingir orgasmos.

Pero soy mujer y, aunque puedo
compartir con ellas la poesía,
escribirles cartas,
llamarlas por teléfono,
llenarlas de caricias prolongadas,
volar el periférico,
bailar descalzas,
secar su llanto,
tocar su alma…

No es suficiente.
No les alcanza.

Porque, desde niñas, aprendieron
que los hombres son un premio al que hay que amar,
sin importar si ellos las aman.

 

«Ca foscari» – Cristina Peri Rossi

Te amo como mi semejante

mi igual mi parecida

de esclava a esclava

parejas en la subversión

al orden domesticado.

Te amo esta y otras noches

con las señas de identidad

cambiadas

como alegremente cambiamos nuestras ropas

y tu vestido es el mío

y mis sandalias son las tuyas

como mi seno

es tu seno

y tus antepasadas son las mías.

Hacemos el amor incestuosamente

escandalizando a los peces

y a los buenos ciudadanos de este

y de todos los partidos.

A la mañana, en el desayuno,

cuando las cosas lentamente vayan despertando

llamaré por mi nombre

y tú contestarás

alegre,

mi igual, mi hermana, mi semejante.

 

«Tus sabores» – Rosa María Roffiel

Tu sexo me sabe a naranja

a campo

a miel

me sabe a volcán que se alza

a leyenda

a raíz que se prende a su ser

a puño cerrado

a patria

a ti

tu sexo me sabe a mujer.

 

«Bitácora» – Cristina Peri Rossi

No conoce el arte de la navegación

quien no ha bogado en el vientre

de una mujer, remado en ella,

naufragado

y sobrevivido en una de sus playas.

 

«Seguramente así aman las diosas» – Rosa María Roffiel

Agua de luna, fresca, con puntos de plata. Sábana de encaje.

Sudario de luz. Lecho de nácar.

Dos mujeres. Dos cara a cara en este juego

irrepetible que es el amor. Fiebre de deseo, canción

de una voz. Saeta que se acerca, dulce rumor.

Dejo que la tarde te desnude, que consagre tu piel.

Tú, te ofreces como flor, como ola gigante.

¡Qué deseos de besarte!

Pero sólo te veo y te veo….. Y no me atrevo a tocarte.

Tus aromas me envuelven. Te siento, amor, te siento.

Tienes fuego adentro. El tiempo no existe. Sólo esto.

Fusión de suspiros, tormenta de ecos. Qué embriaguez.

Qué júbilo. Un vuelo de tórtolas sobre tu cuerpo.

Nido de alondra tu nido. Tu gruta encarnada.

Ansias, tengo ansias de tu vientre, del coral entre tus muslos.

Te dibujo con los ojos con tu propio contorno. Te miro mil veces.

Vuelvo a mirarte y no me canso. Cuántas humedades nos recorren.

¡Ay sudor que nos brillas la carne!

El silencio, callado, nos escucha desearnos.

Desde tu orilla, llega tu aliento y me muerde, excitado.

La tarde se tiñe de savia, de pájaros-flores, de un olor a sándalo.

Tu sexo tierno me invita. Lo mismo tu pelo. Tus pezones me retan.

¡Cómo quisiera llenarme la boca con ellos!

Acércate, las velas de mi amor están dispuestas a

navegar hasta tu más profunda piel, para tocar tu esencia.

Ven, vamos a amarnos y amarnos y amarnos, y a no parar de amarnos.

Cómo brilla en las pupilas la ternura. Cómo tiemblan,

encabritadas, las espaldas. Cuanta plenitud en una simple mirada.

Por fin, rompes el espacio con tu mano, rozas mis labios con tus dedos.

Deshaces el hechizo de la bella durmiente.

El deseo se desboca en un columpio infinito.

Nuestras caricias desgranan la noche.

La penumbra es un chal que nos cubre los hombros.

Afuera, el viento vuela la historia.

Bajo las sábanas, amor que pertenece al cosmos,

dos mujeres se aman con un lenguaje secreto, alejadas del mundo.

A pesar de todo.

 

«10 en conducta» – Rosa María Roffiel

La tarde se acaba

y nosotras,

una vez más,

como buenas amantes

se va cada una

a su casa.

 

Esther Pineda G

Publicado en Cultura Colectiva, Ciudad de México, Febrero 2017. Originalmente con el título «Tu sexo me sabe a naranja: poemas para las mujeres que han decidido amar a otras mujeres».