Poemas de María Calcaño para las mujeres de sangre insubordinada

María Calcaño es una poeta que destaca por haberse enfrentado al implacable conservadurismo de la sociedad venezolana de principios del siglo XX. Fue comprometida en matrimonio a los 12 años con un contador marítimo mucho mayor que ella, se casó a los 14 y de esa unión temprana nacieron seis hijos; pero a pesar de las presiones y las dificultades para conciliar los roles que le fueron impuestos, se negó a abandonar la escritura.

 

En 1935 publica su primer y único poemario en vida titulado Alas Fatales, sin embargo, este texto fue considerado inmoral, acaloradamente criticado y repudiado por una sociedad patriarcal en donde era inconcebible que una mujer transgrediera la feminidad tradicional, y más aún, que escribiera sin disimulos sobre el deseo, el erotismo y la sexualidad para el placer.

 

Aunque encontró grandes resistencias en su círculo familiar y social, el alcoholismo de su esposo fue el detonante para terminar con una relación desde sus inicios profundamente desigual. Este hecho, aunado al rechazo de su obra, los señalamientos, y la persecución dirigida a ella y a sus hijos por hacer “un tratamiento osado de lo erótico, pionero para la Venezuela de su tiempo” como lo calificara la poeta y traductora Márgara Russotto, la llevaron a exiliarse en Ecuador.

 

A finales de los años 40 regresó a Venezuela y en 1953 se casó con el también escritor Héctor Araujo Ortega, no obstante, dicha unión duró poco tiempo pues la poeta muere en 1956 como consecuencia de un cáncer pulmonar. Fue su viudo quien como homenaje se encargó de tramitar la publicación de sus poemarios Canciones que oyeron mis últimas muñecas y Entre la luna y los hombres.

 

Durante décadas su obra poética fue ignorada y silenciada por la comunidad literaria, por el hecho de ser mujer, pero también por atreverse a desafiar el mandato de la feminidad tradicional, pues como señalara la escritora María Eugenia Bravo: la poeta María Calcaño fue “acorralada y desconocida, además, porque su poesía tocaba fibras sensibles de la moral en uso, en una ciudad que se ha distinguido a lo largo de su historia por alimentar un persistente y aguerrido conservatismo”.

 

Aunque en los últimos años se han hecho esfuerzos por visibilizar y reconocer su obra, esta continúa siendo invisible para la mayoría de la población venezolana y latinoamericana, por ello te invitamos a conocer algunos de sus poemas que en una época fueron prohibidos:

 

Grito indomable

Cómo van a verme buena

si me truena

la vida en las venas.

¡Si toda canción

se me enreda como una llamarada!,

y vengo sin Dios

y sin miedo…

¡Si tengo sangre insubordinada!

Y no puedo mostrarme

dócil como una criada,

mientras tenga

un recuerdo de horizonte,

un retazo de cielo

y una cresta de monte!

Ni tú, ni el cielo

ni nada

podrán con mi grito indomable.

 

Tarde

Te miro.

Te miro de cerca:

te escudriño hosca…

La tarde está linda  afuera en el monte.

La promesa que traigo

de belleza

se me aprieta a la boca.

Y me dueles.

Tus caricias me arden como tus palabras.

Me dueles.

Por eso vengo de tan lejos

a plantarme en tu alfombra

como gajo henchido.

A sentirme los ojos dolorosos

cuando me suba el oleaje

de tus brazos crespos.

El aire se hastía

los deseos me apresan

yo soy la tarde linda…

 

Zeta (extracto)

Y ahora que nada me dices…

habla de cosas buenas,

alegres, de mentira.

Bésame intensamente…

júrame que me quieres

y descíñeme este peso

de angustia.

Después…

¡Qué importa!

Vendrán otras mujeres

a borrarte mis besos.

 

Nueva

En estas tardes claras y buenas

cuando parece que todo es nuevo

en las pupilas algo me traigo,

regreso fruta de buen otoño.

Voy minuciosa por el sendero:

en cada hombre veo un amante

y millonaria de la distancia

estoy a caza de los luceros.

Luego mi hombre cuando me toca,

me encuentra extraña para su boca,

me apura íntegra como a un panal.

Y toda en sueños, fragante y nueva,

así me dice con dulce enredo:

este inquietante sabor que tienes!

 

Recodo (extracto)

En aquel rinconcito

me esperaba el amor.

(…)

Ansias. Nubes.

Me esperaba el amor,

con un gusto ignorado

en el beso completo

y en el cuerpo sin límites

un extraño temblor…

 

Hombre lejano

Beso de un hombre

que se fue…

De su boca ignorante

me iba cayendo

como un sabor lejano.

A flor de lengua, Dios,

y no pude saberle

el tamaño.

Ahora él está lejos,

y se hace la noche,

y estoy como nunca

llena de recuerdos.

Mientras el silencio

en la mano me cae

como un salario pobre…

 

Me ha de bastar la vida

Crece sobre mi carne dolorosa

lamiéndome hacia adentro,

hoguera deliciosa!

¡Quémame duro, hondo!…

Ni en mi dolor reparo

cuando te pido

recia lastimadura.

Molde de sangre.

Sólido.

Como un cielo

fundido en el vientre…

Le aventará su gárgara

mi vida!

 

Piedras preciosas

¡Qué manto augusto de piedras blancas,

de luces regias mi colcha cubre,

cuando de noche

sola en el cuarto yo me desnudo

junto a la cama sencilla y pobre!

Como en mi vida

nunca he llevado piedras preciosas,

tiemblo de gozo

cuando me tiendo…

Entra en el cuarto,

en bocanadas de luz el cielo

y en mi cuerpo, clave de ensueño,

se abren las alas de las estrellas

como luciérnagas maravillosas.

 

Totalidad

Ya suben tus manos

en mi carne apretada

ya me suben tus manos,

y te siento la venas

tan ardientes y llenas

¡que dan vuelos!

Ya me ahogan los pechos

y se adueñan

de todos los tesoros…

sobre la quemadura de los cuerpos

crujen las ligaduras

de los brazos estrechos

¡Ya tengo tu carne,

ya la tengo completa!

sobre mi vestidura

de finos vellos de oro.

 

Madrugada

De madrugada

la casa en sombra

me desespera,

y dejo el techo

pesado y triste

y llego al patio

como una alondra.

Y es entonces

cuando la aurora

prende en mis hombros

su cabellera.

¡Me siento bella como ninguna!

Con aliento de primavera

sobre los labios,

sobre los senos

mal escondidos

bajo la túnica.

¡Qué de belleza!,

¡qué de frescura tiene mi cuerpo!,

¡cuando la aurora llega y me toma

medio desnuda

sobre la yerba!

 

 

Esther Pineda G.

Publicado en Cultura Colectiva, Ciudad de México, Mayo 2017. Originalmente con el título “Poemas que fueron prohibidos por explorar el deseo, el erotismo y la sexualidad”.