Poemas de Víctor Valera Mora para recordar que el amor no florece en las ventiscas de la carne

La obra del Venezolano Víctor “El Chino” Valera Mora se caracteriza y encuentra su riqueza poética en la sencillez de sus enunciaciones, la cercanía de su verbo, y en la diversidad de temáticas, emociones y experiencias universales a las cuales nos aproxima. A través de sus versos nos pasea por esa dualidad emotiva (alegría y desencanto, rabia y consuelo, impotencia y reflexión) que experimentamos ante los ámbitos más complejos de nuestras vidas, como lo son la política, los ideales, el deseo, el amor y el desamor. Les compartimos una selección de los mejores poemas de Víctor Valera Mora que les hará querer conocer más de este autor:

 

Política

¿Cuantos de nosotros no hemos sentido el desprecio por nuestras dirigencias políticas? ¿Cuantas veces no hemos experimentado un profundo dolor al ver nuestros ideales pisoteados, nuestro pueblo oprimido? ¿Cuantas veces nuestra tierra, nuestros recursos y nuestra gente han sido sacrificados? ¿Cuantos combatientes populares hemos visto caer en la lucha por los derechos mancillados? El poeta describe de forma profunda y sincera estos sentimientos, pero también nos ofrece la esperanza como aliciente ante la desilusión que -en sus palabras- nos deja el derrumbamiento de todas las imágenes.

 

“Livia incendia la pradera” (fragmentos)

Se aliaron con los curas, el odio, el silencio.

Se aliaron con el ordenamiento de las bayonetas,

Con la noche de las alambradas y de la crueldad de los burgueses.

Se aliaron con lo más cercano al deshonor,

Con la identidad de la podredumbre.

(…)

Hoy sonreír es una desvergüenza,

Tú lo sabes mejor que nadie,

Y aceptamos esta vida de cuchillo

Y de violencia desatada.

Hoy no sabemos si Cristo

Es mujer o es hombre,

Sólo que el pueblo de nuevo fue crucificado.

 

“Saber a qué atenerse”

A estas alturas de la existencia

Quien me quiera pasar para la democracia representativa

Le voy a meter un panfleto por las narices

Para que sepa cómo se bate el cobre

En las pailas más luciferinas

 

“Maravilloso país en movimiento”

Maravilloso país en movimiento

Donde todo avanza o retrocede,

Donde el ayer es un impulso o una despedida.

Quien no te conozca

Dirá que eres una imposible querella.

Tantas veces escarnecido

Y siempre de pie con esa alegría.

Libre serás.

Si los condenados

No arriban a tus playas

Hacia ellos irás como otros días.

Comienzo y creo en ti

Maravilloso país en movimiento.

 

Deseo

El cuerpo de la mujer, el deseo, la desnudez, el erotismo, aparecen de forma recurrente en la obra de Víctor Valera Mora; como una invitación a la desinhibición, al deguste de los sentidos, a la prolongación del pensamiento en la piel. Sin embargo, algo nos deja claro el autor, y es que si bien el despoje de las ropas y la furiosa embestida diluye las angustias, el amor “no florece en las ventiscas de la carne”.

 

“Una muchacha desespera por llegar” (fragmento)

Ella siente como dentelladas en la boca, en los senos

Sobre las piernas y la honestidad de sus caderas

Como una cadena de dientes espumosos

La tormentosa mirada de los líbidos y los tristes.

 

“Ritonello”

Hoy amanecieron bien hermosas las mujeres

Hermosas amanecieron todas las mujeres hoy

Hoy es un viernes de hermosura

Y yo ando loco de contento de este hoy

Porque voy hacer el amor con la más bella

De todas las hermosas mujeres de hoy

 

“Ginebra”

Respirar entre tus piernas

Ahí donde el corazón golpea frenético

Buscando salir para escrutarme

Enfrentarme borrar la duda

 

“Oficio puro”

Cómo camina una mujer que recién ha hecho el amor

En qué piensa una mujer que recién ha hecho el amor

Cómo ve el rostro de los demás y los demás cómo ven el rostro de ella

De qué color es la piel de una mujer que recién ha hecho el amor

De qué modo se sienta una mujer que recién ha hecho el amor

Saludará a sus amistades

Pensará que en otros países está nevando

Encenderá y consumirá un cigarrillo

Desnuda en el baño dará vuelta

A la llave de agua fría o del agua caliente

Dará vuelta a las dos a la vez

Cómo se arrodilla una mujer que recién ha hecho el amor

Soñará que la felicidad es un viaje por barco

Regresará a la niñez o más allá de la niñez

Cruzará ríos montañas llanuras noches domésticas

Dormirá con el sol sobre los ojos

Amanecerá triste alegre vertiginosa

Bello cuerpo de mujer

Que no fue dócil ni amable ni sabio

 

“Dónde… guerrilleros del alba” (fragmento)

El amor no enciende los altos restaurantes

Ni los oscuros cinematográficos.

El amor no está en las grandes y pequeñas fiestas,

En lujos, modas y veloces automóviles.

El amor no estuvo en la palabra caída de los cielos

Ni colmó sus naves arrodillado en las iglesias.

El amor no florece en las ventiscas de la carne

Y menos en los bancos y casas de empeño.

 

Amor y desamor

Todo amor tiene en sí, un germen de desamor y visceversa. Valera Mora nos confronta con la tristeza, el llanto, la amargura, el desprecio y el reclamo que nos hacemos a nosotros mismos (y que pocos estamos dispuestos a admitir) ante ese amor que se resiste a morir a pesar de su condena.

 

“Amanecí de bala” (extracto)

Las mujeres no me dan sosiego

Por eso mi vida siempre ha ido mal

Cuando va bien va peor

Siempre ha ido muy mal

La que me toca apenas se queda esperando

Ver mi corazón volar hecho pedazos

Algún día será de otro modo

 

“Para lo que vale la maldita vida”

Busca tu sitio y échate perro

Porque estás muy mal Víctor Manuel

Estás muy mal

El amor te ha dado en la mera madre

Y estás tan triste

Que parece que tu corazón se te va a salir por la espalda

Y ya nunca más será de otro modo

Pobrecito diablo ya nunca más

Y si fuera poco para tu tristeza

Los hombres que bajan de los montes

Cuando les dejan decir sólo dicen tonterías

No cuentan sino derrotas

Entonces Don Nadie

Cállate ármate de silencio

 

Vida

Pero a pesar de las desilusiones políticas y amorosas, y la finitud de las ansias de caricia; la risa, la alegría, la esperanza y el nuevo amor que se aproxima, siempre serán, el mejor descongestionante de las emociones, y de lo que el poeta llama: el huracanado drama que nos conmueve.

 

“Manifiesto”

Camino por las calles como me da la gana,

Saludo a todos los que sonríen

Con las manos al viento

Y no me detengo,

Porque no hay tiempo ni para morir.

 

“Tendrá que ser así” (extracto)

Que los solitarios no te enfaden, pero resuélvete en multitud.

Habla lo necesario con la gente sencilla

Y a su lado vive con ardor.

A los soberbios embóscalos, tírales por mampuesto.

Si nada tienes llénate de coraje y pelea hasta el final.

No te amargues.

Agarra la amargura por los cuernos y rómpele la nuca

Y si la muerte te señala, sigue cantando

Y en el primer bar que encuentres pide un trago de viejo ron

Y bébete la mirada de la novia y bébete su risa

Y la proximidad de su cadencia y el saludo de su cabellera.

Bébete la vida.

 

Esther Pineda G

Publicado en Cultura Colectiva, Ciudad de México, Julio 2016.