Esther Pineda: venezolana, socióloga, autora y feminista

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Esther Pineda no solo es socióloga, autora de varios libros y columnista, sino Magister Scientiarum en Estudios de la Mujer, Doctora en Ciencias Sociales y fundadora de la primera –y única– empresa consultora de género y equidad en todo el país.

 

Suelo bromear con uno de mis amigos más cercanos diciendo que soy una especie de junkie o adicta de feminismo e igualdad de género. Si hay un vídeo, un artículo, un blog, una TED Talk o una noticia al respecto, lo más probable es que yo ya me haya enterado. Son asuntos que me gustan e interesan, así que ocupo buena parte de mi tiempo en ellos. Cuando se trata de contenido generado en Venezuela, mantenerse al tanto no es tan difícil. El feminismo sigue siendo una palabra nueva, infrecuente e incómoda. Si en Venezuela alguien invoca las nociones feminismo e igualdad de género, usualmente lo hace por una de dos razones: quiere señalar que algo anda mal, o necesita del feminismo para beneficiarse. En mi experiencia he notado que la primera motivación es más común, pero los actores públicos encuentran cada día más conveniente utilizar la igualdad de género como muletilla y a las mujeres como grupo de interés para ganar adeptos, popularidad, apoyo y poder. De cualquier manera, todas estas personas –y sus intereses– son fáciles de identificar. Por eso no es difícil seguir el ritmo de la conversación y conocer exactamente quién está diciendo qué cosa.

 

Sin embargo, cuando leí a Esther Pineda, inmediatamente noté que no sabía nada de ella. No tenía idea de quién era ni qué hacía. Llegué a su columna en Contrapunto gracias a un enlace que un amigo colgó en Facebook. El artículo del enlace se titulaba “Mujer TVES cosificada” y me pareció tan bueno que decidí dedicar el resto del día a leer sus otros artículos. No estoy segura, pero creo que terminé por leerlos todos. Cada uno me gustaba más que el anterior y mis ganas de conocer a la persona detrás de las letras eran cada vez mayores. Admirar a otra persona es de mis cosas favoritas. Sin embargo, yo no soy una persona que siente admiración con facilidad, mucho menos por el grueso de las escritoras y escritores de feminismo y asuntos de género. De hecho, pasé buena parte del año sintiéndome más y más desencantada del discurso feminista. Llegué a comentarle a mi mejor amigo que quería cambiar la línea del blog y empezar a escribir sobre algo más. Ya no quería seguir vinculándome con el nuevo feminismo cuyo eje es la estética y no la sustancia.

 

Internet es el mejor invento de toda la historia. Siempre lo digo. Gracias a mi curiosidad, la magia de Google y las redes sociales, encontré que Esther Pineda no solo es socióloga, autora de varios libros y columnista, sino Magister Scientiarum en Estudios de la Mujer, Doctora en Ciencias Sociales y fundadora de la primera –y única– empresa consultora de género y equidad en todo el país. Mi admiración y curiosidad crecían y, como dije, quedé confundida y llena de dudas. ¿Cómo era que no la había encontrado antes? ¿Por qué no sabía nada de ella? En un espacio saturado de bodyposis, Miss Guaiti, cuentos de Aglaia Berlutti y soliloquios anónimos hechos con palabras que toman prestadas de feminismos de otros países, Esther Pineda se me había pasado por alto.

 

Encontrar sus artículos y su trabajo fue tan oportuno como refrescante. Cada una de sus palabras me recordaba todo lo que aún me falta por conocer, todo el trabajo que no se ha hecho, todas las conversaciones que deben tenerse y que no se han tenido y, sobre todo, la importancia de ocuparse de lo importante y no del ruido. Recuperé las ganas de seguir escribiendo sobre lo mismo que he escrito estos últimos años y vacilé un par de días antes de enviarle un correo electrónico donde, con mucha timidez, le pedí una entrevista y le expliqué mis intenciones. Quería hablar sobre ella en mi blog, hacerle algunas preguntas y multiplicar la información de su trabajo en todas partes. Esther no solo fue tan rápida y cordial como pudo, sino increíblemente amable. Me corrigió algunos errores y contestó mis dudas sobre discriminación en Venezuela, la pertinencia del término interseccionalidad en América Latina y el Caribe, el poder real del ciber-feminismo, su experiencia como mujer que emprende y su opinión para hacer del feminismo un movimiento más accesible y abierto.

 

Ana: Háblame un poco de ti y de tus orígenes. ¿Dónde naciste y cómo fueron tus primeros años?

Esther: Nací en Caracas el 21 de septiembre de 1985, en el seno de una familia de clase media-baja, profesional y tradicional. Crecí, al igual que muchas niñas, bombardeada de dibujos animados, muñecas barbies que no se parecían a mí y juguetes que reproducían roles tradicionales. Pero, al mismo tiempo, fui formada para ser una niña independiente. Siempre tuve libertad de elegir mis actividades y dar rienda suelta a mi creatividad. Me enseñaron a no ser una persona dependiente y a esforzarme para ganarme las cosas, lo cual, sin dudas, ha contribuido significativamente en mi disciplina y ética de trabajo.

 

Ana: El feminismo no es un movimiento precisamente popular en Venezuela. Yo, por ejemplo, no me enteré que existía hasta después que salí de bachillerato. Y cabe destacar que lo encontré en la Internet, no en la calle. ¿Cómo lo encontraste tú? ¿Cómo fue ese primer contacto?

Esther: Después que entré en la universidad en el año 2004, y como resultado de las interacciones propias y ajenas, comencé a hacerme consciente de las diferencias sociales existentes entre hombres y mujeres. Por ejemplo, me generaba mucho malestar e incomodidad ver cómo los novios de mis amigas les “prohibían” o “imponían” cosas, el trato descalificativo hacia algunas mujeres de las cuales no se esperaba que fueran inteligentes, sino solamente bonitas; la presión para emparejarse, la idea que después de graduarse había que casarse y tener hijos, etcétera. Sin embargo, más allá del simple desacuerdo no tenía explicaciones sobre ello, no era algo que se abordara en clase, no era un tema en casa y tampoco parecía interesarles a mis compañeras. Fue en el año 2007 que empezó a preocuparme más el tema y comencé a buscar en Internet sobre las desigualdades entre hombres y mujeres. Me encontré con información sobre el feminismo, el patriarcado, el sexismo, y descargué «El Segundo Sexo» de Simone de Beauvoir. Me sentí plenamente identificada al leerlo. Definitivamente, ese libro cambio mi vida y mi manera de ver las cosas. Comencé a encontrar respuestas a esas situaciones que me molestaban, pero desconocía su razón y las estructuras sociales sobre las cuales se construían y mantenían las desigualdades. En ese momento comencé a incorporar el tema en los trabajos que realizaba para las asignaturas de mi carrera, y luego desarrollé mi tesis de grado en este ámbito. «El Segundo Sexo» me permitió involucrarme y hacer del feminismo y de los estudios de género mi principal línea de trabajo e investigación. Posteriormente, la lectura de autoras como Angela Davis y Bell Hooks me permitió transversalizar los estudios de género con la perspectiva de etnicidad.

 

Ana: Has incluido en tus análisis otros elementos como el racismo, el rechazo a la sexo-diversidad y otras formas de discriminación. En tu experiencia como socióloga y especialista en estos temas, ¿cómo se tejen y qué tan profundos son estos problemas en la sociedad venezolana? ¿Los ves atenuándose en el mediano y largo plazo?

Esther: La cultura venezolana está cargada de muchos prejuicios, estereotipos y formas de discriminación las cuales, además, generalmente no se hacen explícitas porque son transmitidas y reproducidas como chistes, expresiones cotidianas e idiosincráticas, lo cual contribuye a su naturalización y sedimentación. En la cultura venezolana coexisten prejuicios sexistas, clasistas, racistas, homo-lesbo-transfóbicos, aspectistas, ostracistas, entre otros. Estos prejuicios en la sociedad venezolana pueden explicarse principalmente por dos vías: la prevalencia de un pensamiento colonialista organizado en torno a la dicotomía superior-inferior, y el carácter profundamente mítico-religioso de nuestra sociedad. Estos prejuicios y formas de discriminación, al estar instalados de forma tan profunda en nuestra sociedad, son difíciles –pero no imposibles– de erradicar. Sin embargo, es un proceso a largo plazo que requiere del concurso de los diferentes actores sociales.

 

Ana: En Estados Unidos las ciudadanas afrodescendientes manejan el concepto de interseccionalidad en el feminismo para señalar una diferencia entre el sexismo “contra mujeres blancas” y el sexismo “contra mujeres negras”. El término lo acuñó Kimberlé Crenshaw para establecer esa diferencia muy específica. ¿Crees que es pertinente utilizar este término y apelar a la interseccionalidad en nuestro país?

Esther: Si bien es cierto que todas las mujeres estamos expuestas a la discriminación por razones de género en una sociedad patriarcal y androcéntrica, esta no es la misma cuando se dirige a una mujer blanca, negra, india, migrante, discapacitada, etc. Si bien no se trata de fracturar el feminismo, se trata de visibilizar esas experiencias diversas y diferenciadas, donde la discriminación se profundiza cuando se cruza con variables como la clase, la pertenencia étnica, el grupo etario, el nivel educativo, entre otros. En Estados Unidos, en efecto, la interseccionalidad es el término empleado para visibilizar esas experiencias disimiles. Sin embargo, en Venezuela no es un concepto utilizado ni conocido. En nuestro país, al igual que en otros países de América Latina y el Caribe, cuando se hace referencia a este elemento, suele denominarse como transversalización de variables, específicamente género-clase-etnia. Ahora, lo pertinente es incorporar esta perspectiva tanto en la investigación como en el diseño de políticas públicas para garantizar su efectividad, más que la terminología.

 

Ana: Tu empresa EPG: Consultora de Género y Equidad es la primera empresa de este corte en el país. Cuéntanos cómo nació EPG, cuáles son sus objetivos hoy día y cuáles acciones emprende.

Esther: EPG Consultora de Género y Equidad es una iniciativa muy personal, la cual surge como conjugación de varios factores. En primer lugar, mi interés, formación y experiencia en el ámbito de las ciencias sociales y estudios de género. En segundo lugar, la necesidad de desarrollar un emprendimiento novedoso y con ventaja competitiva en el país, pero que más allá del aspecto comercial, me permitiera contribuir a minimizar uno de los problemas sociales más arraigados y extendidos en nuestra cultura, como lo son las desigualdades por razones de género y sus manifestaciones en el machismo, la violencia contra la mujer, los discursos y representaciones sexistas en los medios de comunicación, las inequidades en la representación, participación y toma de decisiones de las mujeres; la discriminación contra la población LGBTI, entre otras. Este proyecto lo estuve pensando y definiendo desde 2012, hasta que finalmente inicié el año 2014 materializándolo.

El objetivo de EPG Consultora es brindar apoyo especializado a las instituciones y empresas públicas y privadas en la generación de estrategias para la incorporación de la perspectiva de género y gestión de la diversidad, la minimización de brechas y la erradicación de formas de discriminación. Para ello brindamos servicios en tres grandes ejes: la asesoría, la investigación y la formación.

 

Ana: ¿Fue más difícil para ti, como mujer y afrodescendiente, emprender una empresa consultora, o recibiste un trato respetuoso, cordial e igualitario? ¿Cómo fue tu experiencia?

Esther: Ser mujer y ser afrodescendiente siempre es más difícil en una sociedad machista y racista como la venezolana. En muchos espacios aún es posible encontrarse –más de lo que pudiera creerse– con gente que considera que mujeres y negros tenemos menos capacidades éticas, intelectuales y organizativas, por lo cual aún prevalece la expectativa social de que nos mantengamos en las actividades de cuidado y el trabajo no cualificado. Y, si al hecho de ser mujer y afrodescendiente, le sumamos ser joven, peor, porque prevalece la lógica de que el conocimiento y la experiencia es un asunto de edad. Esto, claro, tiene un impacto en las posibilidades académicas, profesionales y empresariales, lo que ha significado que he tenido que hacer un esfuerzo mayor por desmontar estos prejuicios. En este sentido he tenido que prepararme y trabajar el doble y el triple que una persona promedio, lo cual ha permitido que más allá de los prejuicios particulares que una persona pueda tener, no pueda obviar mis aportes en este ámbito. En lo personal, mi experiencia como mujer joven y afrodescendiente me ha hecho crecer personal y profesionalmente. Pero lo más importante ha sido poder convertir esta realidad que directamente me afecta –las desigualdades de género y la discriminación racial– en objeto de estudio y disertación, con el objetivo de contribuir a minimizar formas de discriminación.

 

Ana: La sensibilización hacia los problemas de género, creo, tiene mucho que ver con el lenguaje y la terminología. Conozco muchas personas que se niegan a identificarse con el feminismo porque el término les repele. Lo mismo les ocurre con palabras como patriarcado, androcentrismo o feminicidio. Aclaro que son personas que no son sexistas. Son personas que tranquilamente pueden conversar conmigo sobre asuntos de género. Sin embargo, llamarse a sí mismos feministas les causa molestia. Parece que el feminismo, en general, tiene una connotación negativa en nuestra sociedad. ¿Cómo crees que podríamos cambiar esto? ¿Cómo hacemos del feminismo algo más accesible?

Esther: Una de las formas más eficaces en las que opera la ideología es creando rechazo y repulsión hacia aquello que le adversa. En el caso específico del patriarcado, con el propósito de mantener su dominio, debía crear todo un aparato simbólico que le permitiera detener los avances del feminismo. En este sentido, comienzan a crearse y difundirse esas imágenes estereotípicas del feminismo, y todo un discurso a su alrededor con ideas como que todas las feministas son mujeres viejas, feas, amargadas, insatisfechas, inconformes, infelices, lesbianas, solteronas, que odian los hombres, etc. con el fin de deslegitimar el movimiento. En la actualidad se les denomina feminazis, se generan imágenes, memes y representaciones que apuntan a alejar a las personas del movimiento y avergonzar a quienes tengan interés por él. En los últimos años ha comenzado hablarse de igualdad de género, término que en mi experiencia logra mayor receptividad.

Para que la gente pueda sentirse convocada, sin duda deben ser incorporadas distintas tendencias y grupos que hacen vida en torno al feminismo. También la diversidad de intereses y necesidades. Visibilizar y convocar a los hombres, quienes también son víctimas de un sistema patriarcal que construye y direcciona su ser y hacer. Pero, sobre todo, visibilizar las desigualdades por razones de género presentes en la vida cotidiana, los medios, la música, las interacciones del día a día, para que estas puedan ser entendidas, sirvan de ejemplo, y cada persona comience a cuestionar sus concepciones y prácticas en los diferentes espacios en los que hace vida.

 

Ana: Estado y sociedad civil son inseparables y la implementación de políticas públicas surge de la interacción entre ambos. Para ti, ¿qué tan pertinente es la intervención del Estado para erradicar los problemas que emergen de la desigualdad de género? ¿Debe el Estado intervenir con todo su aparato para solucionar estos problemas o es mejor respetar propuestas oportunas que nazcan en el seno de la sociedad civil?

Esther: La deconstrucción y erradicación de las desigualdades por razones de género y las formas de discriminación que a partir de ellas se desarrollan, sin dudas, requieren de la participación de los diferentes ámbitos y actores constitutivos de la sociedad. Es posible hablar de tres grandes dimensiones de atención al problema: el Estado, la sociedad organizada y el individuo. El Estado debe garantizar nuestros derechos mediante la generación de marcos jurídicos y políticas públicas que permitan y favorezcan la transformación social, pero al mismo tiempo, la sociedad organizada debe visibilizar los intereses y necesidades de la población en cuanto a esta problemática. Sin embargo, el actor social de mayor importancia en este proceso –y que suele ser obviado tanto por el Estado como por la sociedad civil– es el individuo. Si estos marcos jurídicos, políticas públicas y propuestas no son divulgadas, no llegan al sujeto. Pero si tampoco sus intereses y necesidades [de sujeto] son escuchadas, los esfuerzos no tendrán ningún resultado. Además, debemos recordar que las desigualdades de género son un problema socio-cultural por lo cual sus posibilidades reales de transformación dependen de la comprensión y sensibilización en el individuo, a partir de la cual podrá este modificar sus discursos y prácticas hacia formas más equitativas.

 

Ana: El Internet nos ha dado poder a muchas mujeres. Sin Internet, yo no creo que yo hubiese podido hacer de mis opiniones algo público. Muchas mujeres que antes temían enseñar su cuerpo y señalarlo como suyo ahora lo hacen a través de las redes sociales, blogs, foros, páginas de webcams, etc. El aborto es un tema en disputa en todos los rincones del Internet, desde páginas web institucionales hasta blogs feministas pequeños como el mío. ¿Cómo percibes tú el feminismo en línea? ¿Se ha vuelto demasiado egocéntrico y personalista? ¿Es suficiente o necesitamos salir de los teclados y las redes a los espacios públicos para generar un cambio importante?

Esther: El internet es un medio que ha brindado a las mujeres información para acercarse al feminismo, para conocer sus derechos, para establecer redes con otras mujeres con sus mismos intereses. Les ha proporcionado herramientas para conocerse y transformarse a sí mismas, pero sobre todo para visibilizar sus experiencias y demandas. Eso es un logro innegable. Sin embargo, el ciber-activismo por sí solo no es suficiente. Es uno entre otros medios para acercarse, iniciar, promover los cambios sociales manifiestos en los escenarios y procesos interactivos personales o virtuales en los cuales nos desenvolvemos.

 

Ana: Coméntanos cuáles acciones pequeñas crees que pueden tomarse desde el nivel individual para disminuir la brecha de género. Acciones de todos los días que creas que son importantes.

Esther:

  1. Cuestionar todo lo que se nos presenta como “natural”, como “deber ser”.
  2. Discutir colectivamente en los espacios de estudio, trabajo y familiares las razones de las desigualdades entre hombres y mujeres más evidentes.
  3. Evitar socializar a niños y niñas de forma diferenciada, así como la imposición de roles y conductas de acuerdo al sexo.
  4. Reconocer, respetar y evitar juzgar la identidad de género o preferencia sexo-afectiva de las personas.
  5. Evitar interpelar los estilos de vida de las personas o intentar imponer nuestro criterio. Por ejemplo, criticar a una mujer porque no se ha casado o porque no quiere hacerlo, burlarse de los hombres que participan en la realización de las actividades del hogar, etc.
  6. Estar atentos de los discursos y representaciones desiguales y sexistas que reproducen los medios de comunicación y difusión masiva. Explicar a los niños y niñas que estas representaciones no son reales y no deben ser asumidas como formas de vida.
  7. No culpabilizar a las mujeres víctimas de violencia de género.
  8. Preguntarse de qué manera afecta tal o cual situación a hombres y mujeres.

 

Por Ana Patricia Sampayo

Fuente: The goat’s notebook. 22 de diciembre de 2015.

http://thegoatsnotebook.blogspot.com/2015/12/esther-pineda-venezolana-sociologa.html