Entre “la miss” y “la explotada” entrevista a Esther Pineda

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La reina del salón. La miss. La modelo. La catira regional. La belleza es una aspiración universal, pero en Venezuela, es parte de nuestra identidad. ¿Cómo nos convertimos en el “país con las mujeres más bellas”? ¿Cuánto daño nos ha hecho ese título?
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La socióloga Esther Pineda (magister en estudios de la mujer) ha salido al ruedo una vez más para tratar de explicar la conflictiva relación entre la mujer venezolana y la belleza. “En nuestro país la feminidad se construye es a través y a partir del canon de belleza. En Venezuela existe una exacerbación de este valor, de la cultura miss, que es implantado desde los primeros años de vida. Un ejemplo de ello es la elección de la reina en los colegios, donde desde muy temprana edad se exponen a las niñas a la medición y calificación de la belleza, no desde la diversidad sino desde la adecuación o no al canon.
Pero además, en el país existe una sobre-estimulación de la belleza, por todos lados las mujeres venezolanas son presionadas para responder a los estereotipos, que en la actualidad se debate entre “la miss” y “la explotada”.
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Las mujeres venezolanas están constantemente bombardeadas por este prototipo de belleza. Abres una revista, miras una valla en la autopista, prendes la televisión o entras en las redes sociales, está allí ese canon. No encuentras mujeres como tú, como tu mamá, tu hermana, tu compañera de trabajo o tu vecina, no tienes con quién identificarte, por lo cual asumes que tu belleza no es belleza”.
En una sociedad machista donde a la mujer se le cosifica, se le considera un objeto, donde se sigue vendiendo cualquier producto con su imagen y su cuerpo, y donde gran parte de la población considera que la belleza es un símbolo de estatus y éxito, sin duda la belleza termina teniendo implicaciones en lo laboral.
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Aún es común ver en los clasificados la solicitud de personal femenino no mayor a 30 años, de “buena presencia”, con lo cual se condiciona el acceso a los puestos de trabajo, no por un habilidad que no se tenga o un diploma faltante, sino por un asunto que, a menos de que seamos modelos, no debería tener mayor repercusión.
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No se buscan capacidades, se busca imagen, juventud, un estereotipo de belleza.
Este tipo de acciones crean un problema social, pues por una parte pasan a ocupar vacantes personas sin las competencias necesarias, pero además desde la perspectiva de la Doctora Esther Pineda, lo más grave, es que se crea en las mujeres la idea de que no necesitan formación académica, competencias o experiencia, pues basta ser bella para obtener lo que quieren.
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Esa idea termina en el imaginario, limitando las posibilidades de desarrollo y crecimiento real de las mujeres en nuestra sociedad y condenándonos al lugar que se nos asigna en ella, el de objetos sexuales.
Si te resistes a cumplir los cánones de belleza te expones a la sanción social, expresada en las críticas, el cuestionamiento, la burla, y por supuesto, el rechazo por parte de los hombres pero también de otras mujeres.
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Con frecuencia las mujeres que no reproducen los estereotipos de belleza tradicionales, socialmente promovidos y exigidos, se enfrentan a comentarios en los que se les considera descuidadas, se les cuestiona su feminidad, se pone en duda la heterosexualidad, se les mete miedo como un mecanismo para hacerles cambiar de idea: “así no vas a conseguir a nadie”, “tu pareja se va a conseguir una más bonita que se arregle más”, y claro está, las exhortaciones a ser más “femenina”, arreglarse más, y hacer un esfuerzo por verse “bien”, es decir, a reproducir el canon, considerado como la única forma válida de belleza.

 

Por: Empoderadas Radio y Proyecto Mujeres