Libertad condicional

Después de muchos años bajo custodia en la celda de aislamiento, a Sentimiento le fue dada su libertad condicional. La cláusula era simple: no debía perjudicar a nadie y debía dar lo mejor de sí ante cualquier situación, pues era parte del programa de regeneración, pero el más importante y recomendado por todos -tanto libres como reclusos- era volver a sentir.

 

Miedo fue lo que experimentó Sentimiento al volver a la libertad, sin cadenas y sin límites; buscó a quienes habían sido sus compañeros durante mucho tiempo: Rencor y Desconfianza, para reencontrarse con ellos; sin embargo, al llegar al callejón donde siempre habitaron, descubrió que habían muerto.

 

Así, Sentimiento siguió por el vecindario, temeroso de la libertad de la cual ahora gozaba; fue entonces cuando, desprotegido, conoció por casualidad a Esperanza cuando menos lo esperaba, y se dio cuenta que estaba listo para volver a vivir, y que los años en prisión habían hecho efecto en él; sí, había cambiado y estaba listo para reintegrarse.

 

Sentimiento le contó todo a Esperanza, sin reservas: quién había sido y las razones por las que había estado bajo custodia, sin omitir algo, pues creyó que ella merecía saberlo todo. Sentimiento vio en los ojos de Esperanza esa inocencia de la que él carecía, la que había perdido y olvidado que existía; después de muchos años volvió a sentirse cómodo, libre y seguro, le pidió a Esperanza su compañía, ya no le bastaba con el fugaz placer de una visita conyugal, quiso que permaneciera a su lado para construir de su mano ese nuevo Sentimiento en quien se había convertido; no era suficiente un cuerpo libre si su alma aún permanecía en custodia.

 

Pero sentimiento se equivocó, Esperanza era igual a todas, igual a Desdicha, por quien terminó en prisión, ella sólo quería experimentar y conocer de cerca a quien había estado recluido, y huyó sin dejar rastro.

 

Él se quedó allí, inmóvil, decepcionado, sintiendo la culpa de quien ha matado y debe entregarse a la ley, como quien no puede ser perdonado ni por sí mismo.

 

Hoy los barrotes de la celda no le impiden su libertad, sentimiento ya no la necesita…

 

Esther Pineda G.

Publicado en Colectiva, Ciudad de México, Septiembre 2016. Originalmente con el título “No es suficiente un cuerpo libre si el alma permanece en custodia”.